SIN GARANTÍAS Dra. Liliana Szabó |
|
En esta época de tanta zozobra, donde
la palabra “inseguridad” se menciona en forma tan repetida, se me
ocurre pensar que, en realidad, esté como esté la situación de nuestro
país y del mundo en general, nunca
estamos seguros de nada.
Desde el momento en que nacemos, o más precisamente desde el
momento en que un ser humano es concebido, ya está en riesgo de morir
o al menos en riesgo de sufrir algún tipo de enfermedad o accidente
o imprevisto.
Hay personas que caminan por la vida despreocupadamente, concentran
su atención en lo que les está pasando y no en lo que les podría llegar
a pasar. Actúan según
su propio criterio sin prestar
ninguna atención a la opinión o a las advertencias de los demás.
A estas personas les pueden ocurrir cosas desagradables como a todo
el mundo, pero en general en menor proporción. Tal vez esto se deba
al hecho tan antiguo pero recientemente redescubierto de que nuestros
pensamientos contribuyen a crear nuestra realidad.
Otras personas en cambio, caminan por la vida casi en puntas
de pie, como si temieran a cada paso encontrarse con un problema.
Cualquier circunstancia ajena negativa, cualquier probabilidad de
una desgracia anunciada por los medios es capaz de desencadenar en
ellas un miedo súbito, capaz de detenerlos en su marcha y de interferir
permanentemente con su estado de paz y felicidad.
Entre estos dos ejemplos de conducta hay una gran variedad
de actitudes intermedias. Es interesante que nos preguntemos a cuál
de los grupos de los extremos nos estamos pareciendo más en este momento
de nuestra vida.
No hay nada más fácil que sembrar el miedo en una población
que funciona con un mecanismo de masa colectiva. Lo difícil y lo más
interesante es crear un sentido propio de lo que es posible, de lo
que es real, examinando cada información que llega a nuestras manos,
sin darle crédito inmediato aunque provenga de una fuente aparentemente
confiable. Cuántas personas permiten que a sus hijos les apliquen
vacunas de las cuales desconocen completamente tanto los beneficios
como los efectos adversos y lo hacen sólo “porque es obligatorio”,
“porque el colegio me lo pide” y,
el caso más absurdo de todos en la Provincia de Buenos Aires,
“porque si no le doy la BCG no lo inscriben en el Registro
Civil”. ¿Desde cuándo la identidad de una persona
tiene algo que ver con que reciba o no una vacuna?.
Traigo este tema para tratar de despertar en el lector la conciencia
de tomar sus propias decisiones en completa libertad y para alentarlo
sobre todo a buscar información en distintas fuentes, tratando de
escuchar todas las campanas para poder elegir la que le resuene mejor.
El tema de las vacunas se adapta perfectamente al objetivo
de este artículo, como también podríamos hablar de los antibióticos
en los famosos “exudados positivos” en una angina. Si los padres de
mis pacientes me preguntan: “¿es completamente seguro que con el tratamiento
homeopático mi hijo no se va a enfermar, no va a tener un accidente,
va a ser completamente sano, me da usted garantías?”. Mi respuesta
es rotundamente NO. No
hay garantías de nada ni con homeopatía ni con vacunas, ni con ningún
otro tipo de medicina o de tratamiento. Vivir de por sí ya es un riesgo
en sí mismo. Hay múltiples factores que desencadenan en el estado
de enfermedad. La Homeopatía es una de las medicinas capaces de abarcar
simultáneamente varias áreas, debido a su acción sobre la Totalidad
de la persona. Mucho
depende de cuál es el foco de
nuestra atención. Veamos un ejemplo:
actualmente hay en
nuestro país vacunas disponibles para alrededor de
no más de 15 o como mucho 20 enfermedades. Estas enfermedades
son conocidas por la población porque los medios se han encargado
de difundirlas en detalle para apoyar las campañas de vacunación masiva.
Pero lo que no han difundido es el efecto potencialmente adverso ni
el grado de protección que estas vacunas ofrecen, ni el hecho de que
luego de una vacunación se produce una alteración transitoria del
sistema inmune que nos expone a contagiarnos una enfermedad infecciosa
diferente a la de la vacuna que hemos recibido (es por eso que muchos
niños presentan cuadros febriles o resfríos o bronquitis unos días
después de ser vacunados). Algunas
personas le tienen terror a la hepatitis pero no le temen a la mononucleosis
infecciosa porque como aún no hay vacuna para esta última enfermedad,
no se ha difundido información al respecto. Hace 40 años tampoco se
le temía a la hepatitis por idéntica razón. Hay
vacunas que han salvado millones de vidas pero hay otras que deberían
aplicarse sólo a casos selectos y jamás en forma masiva e indiscriminada.
Además sería interesante que dejaran de ser oficialmente obligatorias
y que se informara a la población acerca de los pros y contras de
cada una para que cada persona decida por sí misma, como corresponde
a un ser humano adulto y responsable. Tememos sólo aquello que conocemos como temible.
Pero lo que desconocemos, las miles de enfermedades que podrían supuestamente
“atacarnos” a lo largo de nuestra vida no están en nuestro foco de
atención, por lo menos hasta que a alguien se le ocurra asustarnos
con ellas. El
mensaje que deseo transmitir con este artículo es que tratemos de
relajarnos, de enfocar nuestra atención en lo que ES y no en lo que
podría ser. Estamos vivos, podemos enfermarnos y algún día nos vamos
a morir. Si nos pasamos toda la vida con temor a morirnos o a que
nos pase algo, tal vez nos estemos perdiendo justamente aquello que
tememos perder: la posibilidad de vivir plenamente y de disfrutar
esta oportunidad de estar en el Planeta Tierra por un tiempo. (A veces
tomamos un montón de precauciones para no resfriarnos y luego nos
quemamos con la misma estufa que encendimos para no tomar frío.) No
hay ninguna garantía de que no nos caiga una maceta en la cabeza,
de que no se incendie nuestra casa con un rayo, y miles de horrorosos
accidentes más que dejo librados a vuestra imaginación. Lo único que
tal vez podría garantizarles es que vivir anticipando desgracias y
en medio del temor no conduce necesariamente a un mejor estado de
salud ni a una vida más larga. ¡Hasta la próxima! |