Carcinino, el saltarín |
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El pobre Carcinino tuvo problemas a partir del momento de su
concepción. Tuvo un embarazo complicado. Sus padres corrían de aquí
para allá, estaban tristes y preocupados pues OH! casualidad sus dos
abuelas, la paterna y la materna enfermaron de cáncer. Ambas tenían
cáncer mamario igual que la bisabuela paterna y la tía abuela materna.
Se ve que eso les venía de familia. Como dije antes, su madre estaba triste y preocupada y
dejó de poner música alegre. Por eso Carcinino no bailó en la panza
de su madre. De haber sido una situación menos angustiante hubiera
bailado de lo lindo. Pero ya se desquitaría más adelante. Carcinino era muy anticipado. No sabemos si fue por eso
o por las corridas de su madre, pero lo cierto es que nació antes
de tiempo. Fue un bebé menudo, inquieto, vivaracho con unos ojos
enormes de color celeste intenso que parecían aún más grandes pues
sus escleróticas también eran azules. Tenía algunas manchas color
café con leche u muchísimos lunares. Por suerte y gracias a Dios sus abuelas mejoraron y volvieron
a escuchar música en casa. Ya a los tres meses seguía el ritmo de
la música con su piecito. A los cinco meses se sentó y se hamacaba
al compás del lavarropas y a los siete meses bailaba hasta con la
sirena de las ambulancias. Caminó a los nueve meses y hablaba muchísimo al año. Fue
un niño precoz. Adoptaba para dormir la posición genupectoral con su colita
parada y esto lo hizo hasta pasados los tres años. Bueno, dormir,
dormir no durmió nunca bien. Sus pobres padres nunca durmieron una
noche entera desde el mismísimo día en que nació. Pero era un “dulce
de leche”, alegre, afectuoso, regalón, mimosos y saltarín. Siempre
dando pasitos de baile y moviéndose rítmicamente al son de cualquier
ruido. También por momentos se ponía fastidioso; cuando se empacaba
ni Cristo lo hacía cambiar de idea, se ofendía fácilmente y lloraba
si lo retaban. Era sumamente inquieto, le encantaba salir a pasear
y viajar en cualquier medio de locomoción igual que su primo Teky. En realidad se parecía bastante a Teky en otras cosas;
en su posición para dormir, en su obstinación, en su compasividad.
Ya desde chiquitos mostraban sensibilidad frente al dolor ajeno, aunque
a Teky lo agregaron después. A los dos les gustaba muchísimo ir a veranear a la playa.
Los padres de Carcinino decían que el aire de mar les hacía bárbaro
y los padres de Teky decían que los chicos se volvían locos e histéricos.
Nunca se ponían de acuerdo. En realidad ambos tenían razón pues podían
mejorarse o agravarse a orillas del mar. Ambos sentían el mar. Carcinino
podía sentir miedo a las tormentas pero a su vez le traían júbilo
y alegría. Bailaba al compás de los truenos. A lo que sí temían era a los perros y otros animales y
a la oscuridad. Sentía miedo en el estómago (Vijnosky) igual que Phosphy,
Nuxo, Lycopio y algunos otros de sus amigos. A carcinino le gustaba la sal, los huevos, las frutas
pero sobre todo el azúcar. Cuando agarraba la azucarera no había forma
de desprenderlo y se ponía como loco; era bastante caprichoso. Un día sus progenitores se pelearon: discutieron muchísimo
y parecia que se separaban. Carcinino escuchó todo y esa misma noche
levanto 40º de temperatura; deliraba y tuvo un broncoespasmo re-fuerte,
como dicen los adolescentes. Llamaron a su pediatram un tal Doctor
Foubister que por suerte era homeópata y “zafó” del antibiótico pues
con una dosis de Carcinosinum 200 en plus se curó rápidamente. Además
después de tremendo susto sus padres no pelearon más y colorín colorado
este cuento se ha acabado. Carcinino igual ya sabía que su cuento iba a tener un
final feliz pues era clarividente. Síntomas
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Antecedentes familiares
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el ritmo de la música. ·
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