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Había
una vez, en las regiones montañosas del norte de Italia un
viejo solitario, hosco, chinchudo y rencoroso llamado Arnicco.
Al pobre Arnicco la vida lo había tratado "duramente"
y fue por eso que decidió refugiarse en una cabaña en
la cima de las montañas viviendo como un ermitaño.
Bajaba al pueblo una vez por mes, para cobrar su pensión por
invalidez, (pues lo había atropellado un auto hacía
ya muchos años), pero fundamentalmente para comprar whisky
y vinagre.
Todas las noches se tomaba varias medidas de whisky para olvidar su
triste historia, y el vinagre lo usaba para todo; para la ensalada,
para la sopa, para hacerse "friegas" cuando recibía
algún "golpe", o en sus doloridas articulaciones,
pero la mayoría de las veces se lo tomaba directamente de la
botella como si fuera vino; no por nada decían en el pueblo
que tenía un carácter tan avinagrado.
Los problemas de Arnicco comenzaron ya en el vientre de su madre,
quien tuvo una fuerte caída durante el embarazo y recibió
un duro "golpe". Casi pierde a su bebé, pero gracias
al destino y al reposo absoluto, el embarazo siguió adelante.
A partir de esta caída, la gestación fue muy "dura"
para ella, pues cada vez que el niño se movía le producía
unos dolores intolerables.
El parto fue muy difícil y tuvieron que hacerle un fórceps
que fue muy "traumático".
De "golpe" a los siete meses Arnicco tuvo una meningitis.
Comenzó con grandes escalofríos, cuanto más tiritaba,
más colorada se ponía su carita. Su cabeza hervía
mientras todo su cuerpito y su pequeña nariz estaban heladas.
El destino nuevamente quiso que Arnicco se salvara, pero solamente
para recibir un nuevo golpe pocos años más tarde.
Fue durante un bombardeo en la Segunda Guerra Mundial que destruyó
totalmente el pequeño pueblo montañés. Los padres
de Arnicco murieron instantáneamente y el niño quedó
aplastado parcialmente debajo de un gran bloque de cemento. Fue rescatado
con gran dificultad y salvó su vida de milagro.
No es de extrañar que se transformara en un niño triste,
con aversión y miedo a que lo tocaran, que no quería
que le hablaran (es más, se ponía sumamente irritable
si le preguntaban algo y por supuesto, él se negaba a contestar).
No quería ni siquiera que se le acercaran por miedo a ser tocado.
- Pobre Arnicco!! Qué vida tan "dura" y miserable!!!
Por las noches despertaba llorando, pues soñaba repetidamente
que un rayo caía sobre él y lo fulminaba.
Así a los "golpes" Arnicco fue creciendo y se transformó
en un hombre.
Esta fue la mejor época de su vida, (en realidad la única
más o menos agradable). Conoció a María, una
jovencita hermosa, cariñosa y compasiva que sintió lástima
por él (pero no se lo dijo nunca, pues Arnicco no se lo hubiera
perdonado) y se enamoraron, se casaron, fueron felices y comieron
perdices (solamente perdices, pues Arnicco odiaba la carne).
Arnicco "adulaba" a María y conseguía de ella
cualquier cosa (vayan tomando los síntomas de María
para ponerle un segundo nombre. Yo la llamaría María
Pulsatia).
A pesar de su carácter "repodrido", Arnicco era muy
dulce y con esto compensaba su falta de afecto y su dictatorialidad.
Pobre Arnicco, siempre "esperando lo inesperado que viene de
golpe":
La vida volvió a golpearlo, pues María Pulsatia lo abandonó
de un día para otro y se fugó con el carnicero del pueblo.
Qué ironía!! Justo con el carnicero!!
Arnicco quedó atontado, somnoliento e indiferente y frente
a los comentarios del pueblo entero que se compadecían de él,
se volvió totalmente hosco; empacó sus escasas pertenencias
y se fue a vivir a la cima de la montaña.
Allí vivió durante años con sus cabras, su whisky
y su vinagre, hasta que un día hubo una avalancha terrible
en la montaña y su pequeña cabaña quedó
"aplastada" bajo el peso de las enormes piedras.
Un grupo de alpinistas que pasaba por allí alertó a
las autoridades del pueblo que mandaran a los socorristas con sus
perros adiestrados y pudieron encontrar el cuerpo del pobre Arnicco.
- "Cómo estás Arnicco??!! -preguntaba el médico
del pueblo.
- "Bene, bene!!!", -contestaba Arnicco-.
- "¡¡Ritorna a casa!!, io sono bene!!", -respondía
saliendo del estupor por unos instantes y volviendo a caer en estado
comatoso.
- "¡¡Non mi toccare!!!, -gritaba-.
No era para menos, pues estaba todo magullado, todo lleno de
hematomas, lleno de golpes. Realmente se le había venido el
mundo encima.
Para colmo tenía un aliento espantoso, unos eructos con olor
a huevos corrompidos y eliminaba flatos horrendos con olor similar
a los eructos. No se le podían acercar.
Por fin lograron ponerlo en una camilla.
- "¡¡Qué duro es esto!!, -gritaba Arnicco
hasta quedarse afónico-. Su cabeza estaba hirviendo y su cuerpo
helado.
- "¡¡Dottore!!, me voy a morir!!", -gritaba-.
- "No te vas a morir nada!!, -contestaba el médico del
pueblo-, mientras
le ponía unos globulitos en la boca cada cinco minutos, sin
que él se diera cuenta, pues no quería tomar el medicamento.
Así, a los "tumbos", pudieron bajarlo al pueblo.
Lo internaron en el hospital y siguieron dándole globulitos
y más globulitos.
Y se produjo un cambio asombroso!!
Arnicco salió del coma profundo, curó sus hematomas,
se le fue el humor "podrido" y el aliento "podrido",
se enamoró de la enfermera que lo cuidaba, se volvió
más dócil, menos huraño, menos hosco, se le fue
el rencor y se quedó a vivir para siempre en el simpático
pueblito del norte de Italia con su nueva mujer, que lo cuidó
con mucho amor por el resto de sus días, que por cierto fueron
muchos y muy hermosos.
Síntomas
*Compañía, aversión a la
*Hosco
*Humor repulsivo
*Malicioso (rencoroso)
*Deseo: whisky
*Deseo: vinagre
*Aborto después del traumatismo
*Abdomen, movimientos del feto dolorosos
*Cara, decoloración roja tiritando (e)
*Cabeza calor: con frialdad del cuerpo
*Tristeza
*Tocado, aversión a ser
*Temor a ser tocado
*Temor a ser golpeado por los que se le acerquen
*Hable, aversión a que le
*Irritable cuando le preguntan
*Contesta: aversión a contestar
*Llanto al despertar
*Sueña: que un rayo lo parte (e)
*Compasión, aversión a la
*Aversión a la carne
*Adulador
*Dulzura
*Dictatorial
*Temor a que algo ocurra
*Embotamiento con somnolencia
*Indiferente a todo
*Bien contesta aunque esté gravemente enfermo
*Irritable, manda al doctor a su casa, dice que no está enfermo
*Contesta correctamente cuando se le habla pero el delirio y la
*Inconciencia vuelven inmediatamente
*Aversión a ser tocado
*Boca, olor pútrido
*Eructos como huevos podridos
*Flatos como huevos podridos
*Ilusión que la cama es dura
*Afonía por gritar
*Muerte, presentimiento de
*Rehusa tomar el remedio
Del libro
"Homeopatía en Cuentos"
Dra. Nora Aranovich
Profesora Adjunta de Pediatría en la E.M.H.A
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