| Un amiguito
de mi hija, antes de comenzar las clases de natación de la Escuela
tuvo una respuesta sorprendente. Cuando la maestra le preguntó
si sabía nadar, él le contestó que "no sabía
si sabía".
Era estrictamente cierto. Nunca había estado en una pileta de natación,
había visto sí por televisión gente nadando, observó
seguramente sus movimientos y quizá hasta los haya imitado en un
fuentón una tarde calurosa de su Asunción natal, pero nunca
había intentado nadar realmente.
La anécdota que me resultó simpática al principio,
me hizo pensar en lo que podría ser una especie de "virginidad
de dogmatismos" que tienen los espíritus más sanos.
No era ley que, arrojándose en lo más hondo de la olímpica
del ateneo, él no saliera a flote simplemente acordándose
de Tarzán en los ríos de Africa, tal vez sí, tal
vez no.
La homeopatía cuida este aspecto de inocencia conceptual en los
que nos dedicamos a intentar curar (misión por demás complicada).
¿Qué hay antes de "el nombre de la enfermedad que tiene
su mascota" ?
¿Por qué ese perro tiene la enfermedad que fué adjudicada
con ese nombre?
La facultad me enseñó que descubrir los nombres correctos
de las enfermedades me convierte en un buen veterinario, y es en parte
verdad.
El trabajo me enseñó que esos nombres son figuras adjudicadas
muchas veces en forma arbitraria, y que en términos de realidades,
poco importan las definiciones, la vida se trata de otra cosa.
La homeopatía me recuerda siempre que puede quedar en mí
un poco de aquel espíritu inocente que quiere saber algo más,
que duda de todo, que no cree del todo en las definiciones o en los sí
o no rotundos.
Me recuerda que la vida es en realidad una historia, y que yo y el perro
que tengo en la camilla, y el dueño de ese perro, somos millones
de células deciduas que tienen un pasado y un objetivo común,
y no un cuerpo que perdura.
Me permite preguntarme el por qué del por qué pasan las
cosas, pisando un escaloncito más de la desconocida pirámide.
Seguramente dentro de unos años el amiguito de mi hija tendrá
contestaciones más "globalizadas", sentirá seguridad
en los mentirosos avisos publicitarios, creerá realmente que cree
en las cosas y así pasará su vida, ojalá que no.
Yo espero que dentro de unos años pueda seguir preguntandome las
causas de las causas, pueda seguir sorprendiéndome del trazado
divino de las historias que unen personas y mascotas en destinos no comunes
sinó concordantes.
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