VETERINARIA HOMEOPÁTICA

Las dudas de Fioba

Dr. Andrés Saavedra.


Un amiguito de mi hija, antes de comenzar las clases de natación de la Escuela tuvo una respuesta sorprendente. Cuando la maestra le preguntó si sabía nadar, él le contestó que "no sabía si sabía".
Era estrictamente cierto. Nunca había estado en una pileta de natación, había visto sí por televisión gente nadando, observó seguramente sus movimientos y quizá hasta los haya imitado en un fuentón una tarde calurosa de su Asunción natal, pero nunca había intentado nadar realmente.
La anécdota que me resultó simpática al principio, me hizo pensar en lo que podría ser una especie de "virginidad de dogmatismos" que tienen los espíritus más sanos. No era ley que, arrojándose en lo más hondo de la olímpica del ateneo, él no saliera a flote simplemente acordándose de Tarzán en los ríos de Africa, tal vez sí, tal vez no.
La homeopatía cuida este aspecto de inocencia conceptual en los que nos dedicamos a intentar curar (misión por demás complicada).
¿Qué hay antes de "el nombre de la enfermedad que tiene su mascota" ?
¿Por qué ese perro tiene la enfermedad que fué adjudicada con ese nombre?
La facultad me enseñó que descubrir los nombres correctos de las enfermedades me convierte en un buen veterinario, y es en parte verdad.
El trabajo me enseñó que esos nombres son figuras adjudicadas muchas veces en forma arbitraria, y que en términos de realidades, poco importan las definiciones, la vida se trata de otra cosa.
La homeopatía me recuerda siempre que puede quedar en mí un poco de aquel espíritu inocente que quiere saber algo más, que duda de todo, que no cree del todo en las definiciones o en los sí o no rotundos.
Me recuerda que la vida es en realidad una historia, y que yo y el perro que tengo en la camilla, y el dueño de ese perro, somos millones de células deciduas que tienen un pasado y un objetivo común, y no un cuerpo que perdura.
Me permite preguntarme el por qué del por qué pasan las cosas, pisando un escaloncito más de la desconocida pirámide.
Seguramente dentro de unos años el amiguito de mi hija tendrá contestaciones más "globalizadas", sentirá seguridad en los mentirosos avisos publicitarios, creerá realmente que cree en las cosas y así pasará su vida, ojalá que no.
Yo espero que dentro de unos años pueda seguir preguntandome las causas de las causas, pueda seguir sorprendiéndome del trazado divino de las historias que unen personas y mascotas en destinos no comunes sinó concordantes.