| La persona
deprimida tiende a creer que todos los que padecen una depresión
la sufren del mismo modo que ella la soporta. Pero quienes tenemos que
luchar para ayudar a estas personas conocemos cuántos tipos de
depresión diferentes existen.
DEPRESIÓN A SOLAS
Ariela era una mujer deprimida, con ojos llorosos, pero que no podía
llorar ni siquiera en las circunstancias más afligentes, de esas
que hubieran merecido una descarga por la vía lagrimal. Era reacia
a estar en compañía de alguien, aún en esos momentos
dolorosos en los cuales el consuelo de un familiar o una amiga o amigo
hacen más llevadero un duro acontecer. Ariela era dura, no quería
ver a nadie, ansiaba estar sola y enfrentar su dolor privadamente.
A Carlos, el deseo de estar
solo lo llevaba a evitar toda conversación y a mantenerse concentrado
en sí mismo, aunque sin poder ocultar su visible tristeza. Se ponía
nostálgico recordando cualquier cosa del pasado: momentos felices,
lugares donde había estado y disfrutado, personas que había
conocido, romances iniciados que había dejado escapar. Un síntoma
raro se agregaba a su depresión, Carlos vivía con la sensación
de que todos los sonidos le venían de otro mundo.
DEPRESIÓN QUE DESEA
COMPAÑIA
Camila en cambio, se ponía muy triste si estaba sola. Lo mismo
ocurría con Araceli. Ella se sentía muy mal si le faltaba
la compañía de alguien; se entristecía. Una característica
suya era la de que todos sus males se agravaban estando sola, en tanto
que acompañada, aunque fuera por su gato, todos sus miedos disminuían
considerablemente.
DEPRESIÓN PESIMISTA
Catalina era habitualmente melancólica. Vivía triste día
y noche. Era de poco hablar, no porque rechazara la conversación,
sino por su propio estado de ánimo. Se había convertido
en una verdadera taciturna La infelicidad era su norma. Veía sólo
el lado oscuro de las cosas. La desesperanza la encontraba a cada rato,
siempre estaba dispuesta a padecerla, sobre todo de noche y, ¡ni
qué decir antes o durante la menstruación! Entonces todo
se ponía negro para ella, como si la desgracia la persiguiera con
especial vocación. Era como si ninguna otra mujer tuviera menstruaciones.
En sus depresiones, Cata lloraba con franca facilidad por cualquier pequeñez
y sin dar lugar a ningún remedio.
DEPRESIÓN EXTREMA
Aurelio padecía una depresión que lo derivaba constantemente
al suicido Esa disposición es común en personas muy enfrascadas
en el problema de su salud. Independientemente de que Aurelio fuera muy
saludable, pensaba que estaba muy enfermo, que tenía todas las
enfermedades. Temía que lo envenenaran y se ponía verdaderamente
mal con sólo pensar en sus dolencias, por otra parte, ninguno de
los muchos médicos que había visitado las había comprobado.
Por todo esto, Aurelio se sentía inclinado al suicidio como solución.
DEPRESIÓN CON TEMOR
A MORIR
Arsenio estaba en el otro extremo de Aurelio. Su "depresividad"
lo hacía vivir obsesionado por un espantoso miedo a morir Sin embargo,
su tema favorito era la muerte. En su cabeza surgían ideas muy
contradictorias ya que era apremiado por fuertes deseos de matar a cualquiera,
a veces tan intensos y repentinos que sentía miedo de sí
mismo; llegaba a temer que lo mataran. El de Arsenio no es un caso casual,
en la literatura médica se conocen pacientes con temor a morir
que pidieron a sus médicos algo para morir y terminar con ese miedo.
EL VASO MEDIO LLENO
Siete historias. Siete depresiones. Cada una con características
peculiares que las hace únicas, irrepetibles, parecidas pero nunca
iguales a otra depresión. La Psicomeopatía halló
soluciones, es decir, medicamentos homeopáticos distintos, que
contemplaron las personalidades de cada uno de estos deprimidos. Estos
medicamentos no contienen drogas, por ello no llevan al acostumbramiento
que obliga a aumentar las dosis para obtener los mismos resultados. Tampoco
las depresiones reaparecen, incluso aumentadas, cuando se deja de tomarlos.
Esto prueba que los antidepresivos, que sí producen estos efectos,
"tapan" las depresiones, pero que no las curan #
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