Nuestras Herramientas

Dra. Liliana Szabó
Médica Pediatra
Prof. Adjunta de Pediatría de la E.M.H.A.



Cada vez que decidimos emprender algún tipo de cambio en nuestra vida, podemos enfocar la tarea como si se tratara de un trabajo, por ejemplo pintar la casa. Para ello en primer lugar elegiremos el color que más nos gusta: o sea cuál es el resultado al que queremos llegar. Luego conseguiremos los materiales o herramientas necesarios (pintura, pinceles, escaleras, etc) o sea que decidiremos cuáles serán los recursos que vamos a utilizar. Finalmente podemos encargar el trabajo a un tercero o hacerlo por nuestra cuenta.
En el caso de nuestras vidas, es difícil que alguien pueda hacer algo por nosotros si no nos ayudamos a nosotros mismos.
¿Cuáles son las herramientas o recursos que tenemos para solucionar los problemas o para enfrentar y modificar las situaciones que no nos gustan?.
Podemos clasificar nuestros compartimientos vitales en cuatro áreas principales: 1)FÍSICA 2)MENTAL 3)EMOCIONAL (o afectiva) 4) ESPIRITUAL. Estas "habitaciones" de nuestra existencia están permanentemente intercomunicadas, y cada acontecimiento en una de ellas repercute en todas las demás. Aunque muchas veces, sin saberlo, cerramos alguna puerta interna que bloquea el libre fluir de la energía entre ellas. Cada una de estas áreas contiene recursos propios que están a nuestra disposición.
Como bien sabemos los homeópatas, nos enfermamos cada vez que nuestra energía vital se desarmoniza, o detiene su recorrido natural por algún obstáculo que la bloquea. Cuando utilizamos un remedio homeopático, que es un remedio energético, vemos claramente su acción en el cuerpo, en la mente y en la afectividad. El paciente tiene libre albedrío para trasladar o no ese estado de equilibrio a su vida espiritual. Ya dijo Hahnemann que "...la fuerza vital....conserva todas las partes del organismo en admirable y armoniosa operación vital...de modo que el espíritu dotado de razón que reside en nosotros pueda emplear libremente estos instrumentos vivos para alcanzar los más altos fines de su existencia".
Una forma más rápida de sanar es acompañar cualquier tipo de tratamiento externo que elijamos con nuestras propias herramientas de curación. Vamos a dar un ejemplo: si una persona tropieza, se cae y se lastima un pie (daño en el área física), puede recurrir inmediatamente a su "caja de herramientas" físicas. Intentará primero utilizar la relajación, ayudando a su cuerpo a liberarse del stress producido, luego recurrirá a la respiración conciente tratando de enviar aire a sus pulmones y a todo su cuerpo, dirigiendo ese oxígeno con su atención hacia la parte dolorida. Estos dos recursos tan simples, inmediatos y disponibles son altamente eficaces para mejorar inmediatamente la situación.
Luego puede recurrir a su "caja de herramientas " mentales que de alguna manera ya comenzó a utilizar desde el momento en que fue su mente la que le dio la orden al cuerpo de que se relaje y respire. En esta área la herramienta por excelencia es el pensamiento. En el ejemplo del pie lastimado, podemos dejar ir pensamientos como "debo estar grave, me van a tener que enyesar, maldita piedra que me hizo tropezar, ahora voy a llegar tarde a mi trabajo, siempre me pasa todo a mí, etc". Y remplazarlos por mensajes que nos sean útiles y positivos como por ejemplo "no es nada, ya se me va a pasar, la piedra no tiene la culpa de que no la haya visto, solo fue un accidente por distracción, la próxima vez voy a estar más atento, si llego tarde al trabajo no importa, comprenderán lo que me pasó". Si nos quedamos en la queja, el enojo y la frustración, aumentará el nivel de tensión en el plano físico y en consecuencia se incrementará el dolor del pie.
Desde el punto de vista afectivo o emocional, podemos enviar amor a nuestra zona lastimada, perdonar a la piedra que estaba en nuestro camino, y agradecer que no nos pasó nada grave. En esta "caja" las herramientas principales son el amor, la compasión, el agradecimiento, el perdón y la bendición. Hay dos emociones fundamentales para ser armonizadas: el Miedo (que se armoniza con su opuesto el Amor), y el Enojo (que se equilibra con el Perdón y la Aceptación). Todos podemos comprobar que cada vez que equilibramos estas dos emociones se produce inmediatamente una relajación en el plano físico y una sensación de bienestar general.
Seguramente en el momento de la caída estaremos alejados de nuestro ser espiritual, aún así podemos invocar la confianza en que estamos protegidos, la fe en que todo va a tener el mejor resultado para nosotros y tal vez podamos preguntarnos qué deseamos aprender de esta experiencia. Desde ya que en esta "caja" el gran protagonista es el AMOR, que además de ser un sentimiento es una energía espiritual capaz de influir profundamente en todos los niveles de nuestro Ser..
Este mecanismo de recurrir a nuestros propios recursos puede aplicarse a problemas en todas las áreas de la vida: un dolor emocional también nos pedirá que reforcemos el área física, respirando, relajando, cuidando nuestro cuerpo, manteniendo una buena salud física para no agravar la situación. Es bien sabido que la práctica de ejercicio estimula la secreción de endorfinas que nos dan una estado de bienestar y de alegría.
Los pensamientos positivos, la aceptación del dolor, el reconocimiento desde la mente de las circunstancias que estamos viviendo, serán herramientas de sostén que nos ayudarán a transitar más fácilmente el momento. La confianza en algo superior dará sentido a lo vivido.
El remedio homeopático siempre va a ser un facilitador de todos los procesos que atravesemos, pero nuestra ayuda conciente potenciará mucho más aún su acción. La verdadera función del médico es estimular a los pacientes a descubrir y aprovechar sus propios recursos, ofreciendo una ayuda externa momentánea. El buen médico es como el buen padre: empuja hacia la independencia en lugar de favorecer la dependencia.
Después de todo el verdadero poder no nos llega desde afuera: se encuentra siempre adentro nuestro aún cuando haya momentos en que no lo podamos percibir.