| En los últimos
meses, en nuestro país, los adultos nos hemos visto sumergidos
repentinamente en un mar de caos político, económico y moral.
El fantasma principal que nos acecha es la incertidumbre y en consecuencia
el miedo.
¿Y qué pasa con los niños en medio de esta profunda
movilización de su familia?. Ellos son antenas ultrasensibles que
registran todo lo que sucede en su entorno. El problema radica en que
aún no tienen la madurez emocional suficiente como para poder metabolizar
todo lo que les llega (generalmente sin explicaciones) y comienzan a reaccionar
como pueden, mostrando síntomas físicos y/o psíquicos
que son el motivo de la consulta al pediatra..
Lo curioso es que pocos padres asocian estas "enfermedades"
con lo que está sucediendo en nuestro país, como si los
niños fueran islas separadas de la realidad externa. Desde el punto
de vista homeopático, el individuo funciona como una totalidad,
pero a la vez su totalidad se inserta en una familia, que a su vez vive
en una determinada sociedad, de un determinado país, en cierto
planeta Tierra perteneciente a un particular Sistema Solar, dentro de
un Universo..... y así podríamos seguir infinitamente para
comprender que la verdadera TOTALIDAD va mucho más allá
del individuo. Y así lo consideramos en la entrevista homeopática
al tratar de cubrir en la consulta la mayor cantidad de áreas que
puedan estar influenciando al individuo y ser desencadenantes de síntomas.
Cada niño reacciona frente a la crisis de acuerdo a su idiosincrasia
o forma peculiar que le es propia. Los niños de personalidad más
reservada, con menor facilidad para expresar sus emociones o con poca
edad para expresar su pensamiento, los que tienen padres más rígidos,
que imponen normas inflexibles, seguramente mostrarán indicios
en el área física. Pueden presentar cuadros febriles repentinos,
sin causa aparente, dolores abdominales exageradamente fuertes que ceden
rápidamente, vómitos, tendencia a los accidentes, torpeza,
etc. Los que padecen alguna enfermedad crónica pueden reagudizarla,
como por ejemplo crisis de asma, erupciones y otras.
Aquellos niños que tienen mayor facilidad de expresión emocional,
pueden manifestar miedos, a veces absurdos e incomprensibles que causan
enojo en sus padres, los más afectuosos mostrarán una dependencia
excesiva, con deseo de más contacto físico, o trastornos
del sueño, pasándose a la cama de sus padres en busca de
seguridad. Los lactantes podrán estar más irritables, con
llanto que no calma fácilmente, con más dificultad para
separarse de su madre, llanto ante extraños y en lugares desconocidos.
¿Cómo podemos ayudar a estos niños?. En primer lugar
es importante reconocer la situación familiar real, el grado de
carencia en que se encuentra, preguntar qué están haciendo
los padres para tratar de salir adelante, si hay discusiones fuertes entre
ellos, averiguar qué cosas se han modificado en la realidad cotidiana
del niño. Uno de los traumas más frecuentes es el cambio
obligado de colegio, o la mudanza a un lugar más pequeño
o con otros familiares que antes no convivían, lo que ocasionan
pérdida de amigos y lo fuerzan a una adaptación a lo nuevo.
Otras situaciones son la pérdida de trabajo del padre que pasa
a estar muchas horas en la casa y perturba la organización materna,
y la inversión de roles cuando es la madre la que sigue trabajando.
Por el contrario, la ausencia total del padre que ha emigrado para buscar
trabajo en otro país mientras su familia espera que los mande a
buscar, produce también una situación de desmembramiento
y de inestabilidad que afectan al niño. La sola mención
de vivir en otro país puede provocar crisis de pánico o
de depresión según el niño. He visto muy pocos niños
felices con esta idea, y en muchos casos, he observado que solo están
sobreadaptándose a la situación para complacer a sus padres
y no darles más preocupaciones. Si bien es cierto que los niños
tienen una gran capacidad de adaptación (ya es mucho que se hayan
animado a nacer en la Tierra en este momento de nuestra Historia) y si
bien toda experiencia de vida es en última instancia enriquecedora,
es necesario ser conscientes del sufrimiento que ellos atraviesan aquí
y ahora para poder comprenderlos y suavizarles el camino.
El remedio homeopático constitucional ayudará a equilibrar
su energía vital para que pueda enfrentar su circunstancia con
todas las herramientas disponibles. Lo acompañará en sus
altibajos físicos y emocionales evitando que enferme gravemente.
Finalmente , liberará sus emociones reprimidas para que pueda expresar
abierta y honestamente su enojo, su dolor, su disconformidad, su ansiedad
y su angustia.
Por otra parte se le puede sugerir a la familia que se intente mantener
un clima armónico a pesar de los problemas, que se seleccione de
común acuerdo con el niño en cuál de las áreas
que lo involucran se reducirán los gastos, preguntarle cuál
de las actividades extraescolares le dolería menos perder, cuál
es la que él valora más, etc. También desde el consultorio
pediátrico se puede ayudar a encontrar alternativas económicas
que remplacen lo perdido y brinden al niño una compensación.
Por último, considero que frente a cualquier situación de
crisis la herramienta auxiliar fundamental es la COMUNICACIÓN.
Hablar con los hijos de lo que está pasando, a cada uno en el lenguaje
que pueda entender de acuerdo a su edad (aún los lactantes comprenden
en su nivel), tranquilizarlos y sacarles de encima el peso de la preocupación,
asegurarles que si bien se les pide colaboración como parte del
grupo familiar, serán los adultos los que se harán cargo
de encontrar una solución a los problemas. De este modo el niño
puede seguir siendo niño, y puede seguir jugando y creciendo a
su ritmo, que es lo que verdaderamente le corresponde hacer. |