"LOS NIÑOS FRENTE A LA CRISIS"

Dra. Liliana Szabó
Médica Pediatra
Prof. Adjunta de Pediatría de la E.M.H.A.

 

En los últimos meses, en nuestro país, los adultos nos hemos visto sumergidos repentinamente en un mar de caos político, económico y moral. El fantasma principal que nos acecha es la incertidumbre y en consecuencia el miedo.
¿Y qué pasa con los niños en medio de esta profunda movilización de su familia?. Ellos son antenas ultrasensibles que registran todo lo que sucede en su entorno. El problema radica en que aún no tienen la madurez emocional suficiente como para poder metabolizar todo lo que les llega (generalmente sin explicaciones) y comienzan a reaccionar como pueden, mostrando síntomas físicos y/o psíquicos que son el motivo de la consulta al pediatra..
Lo curioso es que pocos padres asocian estas "enfermedades" con lo que está sucediendo en nuestro país, como si los niños fueran islas separadas de la realidad externa. Desde el punto de vista homeopático, el individuo funciona como una totalidad, pero a la vez su totalidad se inserta en una familia, que a su vez vive en una determinada sociedad, de un determinado país, en cierto planeta Tierra perteneciente a un particular Sistema Solar, dentro de un Universo..... y así podríamos seguir infinitamente para comprender que la verdadera TOTALIDAD va mucho más allá del individuo. Y así lo consideramos en la entrevista homeopática al tratar de cubrir en la consulta la mayor cantidad de áreas que puedan estar influenciando al individuo y ser desencadenantes de síntomas.
Cada niño reacciona frente a la crisis de acuerdo a su idiosincrasia o forma peculiar que le es propia. Los niños de personalidad más reservada, con menor facilidad para expresar sus emociones o con poca edad para expresar su pensamiento, los que tienen padres más rígidos, que imponen normas inflexibles, seguramente mostrarán indicios en el área física. Pueden presentar cuadros febriles repentinos, sin causa aparente, dolores abdominales exageradamente fuertes que ceden rápidamente, vómitos, tendencia a los accidentes, torpeza, etc. Los que padecen alguna enfermedad crónica pueden reagudizarla, como por ejemplo crisis de asma, erupciones y otras.
Aquellos niños que tienen mayor facilidad de expresión emocional, pueden manifestar miedos, a veces absurdos e incomprensibles que causan enojo en sus padres, los más afectuosos mostrarán una dependencia excesiva, con deseo de más contacto físico, o trastornos del sueño, pasándose a la cama de sus padres en busca de seguridad. Los lactantes podrán estar más irritables, con llanto que no calma fácilmente, con más dificultad para separarse de su madre, llanto ante extraños y en lugares desconocidos.
¿Cómo podemos ayudar a estos niños?. En primer lugar es importante reconocer la situación familiar real, el grado de carencia en que se encuentra, preguntar qué están haciendo los padres para tratar de salir adelante, si hay discusiones fuertes entre ellos, averiguar qué cosas se han modificado en la realidad cotidiana del niño. Uno de los traumas más frecuentes es el cambio obligado de colegio, o la mudanza a un lugar más pequeño o con otros familiares que antes no convivían, lo que ocasionan pérdida de amigos y lo fuerzan a una adaptación a lo nuevo. Otras situaciones son la pérdida de trabajo del padre que pasa a estar muchas horas en la casa y perturba la organización materna, y la inversión de roles cuando es la madre la que sigue trabajando. Por el contrario, la ausencia total del padre que ha emigrado para buscar trabajo en otro país mientras su familia espera que los mande a buscar, produce también una situación de desmembramiento y de inestabilidad que afectan al niño. La sola mención de vivir en otro país puede provocar crisis de pánico o de depresión según el niño. He visto muy pocos niños felices con esta idea, y en muchos casos, he observado que solo están sobreadaptándose a la situación para complacer a sus padres y no darles más preocupaciones. Si bien es cierto que los niños tienen una gran capacidad de adaptación (ya es mucho que se hayan animado a nacer en la Tierra en este momento de nuestra Historia) y si bien toda experiencia de vida es en última instancia enriquecedora, es necesario ser conscientes del sufrimiento que ellos atraviesan aquí y ahora para poder comprenderlos y suavizarles el camino.
El remedio homeopático constitucional ayudará a equilibrar su energía vital para que pueda enfrentar su circunstancia con todas las herramientas disponibles. Lo acompañará en sus altibajos físicos y emocionales evitando que enferme gravemente. Finalmente , liberará sus emociones reprimidas para que pueda expresar abierta y honestamente su enojo, su dolor, su disconformidad, su ansiedad y su angustia.
Por otra parte se le puede sugerir a la familia que se intente mantener un clima armónico a pesar de los problemas, que se seleccione de común acuerdo con el niño en cuál de las áreas que lo involucran se reducirán los gastos, preguntarle cuál de las actividades extraescolares le dolería menos perder, cuál es la que él valora más, etc. También desde el consultorio pediátrico se puede ayudar a encontrar alternativas económicas que remplacen lo perdido y brinden al niño una compensación.
Por último, considero que frente a cualquier situación de crisis la herramienta auxiliar fundamental es la COMUNICACIÓN. Hablar con los hijos de lo que está pasando, a cada uno en el lenguaje que pueda entender de acuerdo a su edad (aún los lactantes comprenden en su nivel), tranquilizarlos y sacarles de encima el peso de la preocupación, asegurarles que si bien se les pide colaboración como parte del grupo familiar, serán los adultos los que se harán cargo de encontrar una solución a los problemas. De este modo el niño puede seguir siendo niño, y puede seguir jugando y creciendo a su ritmo, que es lo que verdaderamente le corresponde hacer.