|
Consideraciones sobre la eficacia
de esta medicina en el tratamiento de las enfermedades infantiles luego
de 40 años de práctica del autor, y la lectura de numerosas
historias clínicas de médicos homeópatas argentinos
y extranjeros.
a) Prevenir enfermedades. Afirmamos que la Medicina Homeopática
Unicista es la mejor medicina preventiva, ya que una cosa es curar un
cuadro agudo y otra es evitar la recurrencia de la enfermedad cuando se
hace crónica.
Este es un privilegio de la Medicina Homeopática Unicista ya que
tiene medicamentos llamados constitucionales que son capaces de modificar
el "estigma patológico" que todo niño lleva en
los genes transmitidos por sus ancestros y que muchas veces se manifiesta
durante el primer año de vida.
Este resultado terapéutico indiscutible provoca un equilibrio en
su energía vital, mejoría de su estado inmunológico
y un cambio en la sensibilidad ante las agresiones emocionales que puede
sufrir en el ambiente en que vive.
b) Curar procesos crónicos, incluso los más graves, desahuciados
por la medicina oficial, cuando el paciente presenta una adecuada y suficiente
capacidad vital que le permita reaccionar ante el estímulo del
medicamento homeopático.
c) Al médico homeópata no le basta curar una patología
corporal sino que aspira, y muchas veces lo consigue, a mejorar la salud
espiritual y mental del niño, lo que se refleja en una mayor armonía
con su grupo familiar, el acrecentamiento de su capacidad intelectual
y el equilibrio en su estado nutritivo general.
d) Curar los más variados estados alérgicos que cada vez
con mayor frecuencia atormentan a los niños desde sus primeros
días de vida (eczemas, rinosinusitis, falso crup, bronquitis asmáticas,
etc.).
Este aspecto positivo de la Medicina Homeopática Unicista es reconocido
por muchos pediatras alópatas que recomiendan el tratamiento con
la medicación infinitesimal en lugar del más cruento y aleatorio
del tratamiento alergista.
e) Tratar enfermedades infecciosas de cualquier gravedad sin la administración
antibiótica.
Esta consideración esta en consonancia con la preocupación
de las asociaciones médicas por el abuso de antibióticos
y la resistencia microbiana a los mismos, que provoca una gran dificultad
en el tratamiento de procesos infecciosos graves.
Asimismo la eficacia de la homeopatía en el tratamiento del sarampión,
varicela, tos convulsa, paperas y otros procesos virales es muy superior
al que ofrece la medicina pediátrica oficial. El testimonio que
ofrecen las historias clínicas de numerosas epidemias con el tratamiento
homeopático confirma este aserto.
f) Mejorar cuadros clínicos de psicopatías graves como autismo
esquizofrenias, neurosis obsesiva, tendencias destructivas y agresivas,
fobias, etc., casi siempre en colaboración con métodos psicoterápicos.
g) Usar medicamentos atóxicos, con muy escasos efectos secundarios,
de fácil administración por vía bucal y muy bien
aceptados por los niños. En estos momentos, en que la medicina
oficial apunta a revalidar la imagen del "medico de familia"
hay que destacar que el médico homeópata la cumple a la
perfección ya que el trabajoso y prolongado interrogatorio le permite
conocer el ambiente familiar y sus recíprocas influencias, que
interfieren en la relación entre padres e hijos. Este conocimiento
que es imprescindible para su tarea, lo convierte en el consejero natural
para los momentos difíciles que viven sus pacientes.
h) El homeópata sabe respetar las fuerzas curativas naturales que
tiene en su organismo el niño y que tratan de superficializar la
enfermedad hacia zonas corporales menos importantes para preservar las
funciones de los órganos imprescindibles para la vida. El ejemplo
más común es el tratamiento supresivo de las enfermedades
de la piel por pomadas corticoides, que interrumpen el mecanismo de curación
y desencadenan posteriormente la localización del proceso mórbido
en órganos más profundos.
El especialista de piel ya no atiende más al niño en cambio
lo atiende el alergista por un asma bronquial o el neurólogo por
convulsiones o el psicólogo por alteraciones en su conducta.
Por parte de los padres,
¿qué espera el médico homeópata?
1) Su colaboración es fundamental ya que deben transmitir en la
forma más fiel posible los cambios psicofísicos que trae
aparejada la enfermedad y sobre todo indagar sobre la repercusión
anímica que han tenido en el niño las penas, las agresiones,
los sustos, no sólo en el hogar o la escuela.
2) Ante un cuadro agudo, no medicarlo por su cuenta, respetar la fiebre
(los lactantes pueden ser una excepción ante fiebre muy elevada)
y colocarlo al reposo y dieta hasta la consulta médica.
3) La madre debe recordar los síntomas de su embarazo y manifestarle
al homeópata las afecciones que ha padecido durante el mismo y
sobre todo las circunstancias emocionales que ha vivido.
4) Si el niño es llevado a la consulta homeopática afectado
de un padecimiento crónico, no deben pretender la curación
en las primeras consultas, ya que han iniciado un tratamiento natural
y la naturaleza tiene sus tiempos. Deberán notar el espaciamiento
y menor intensidad de las crisis y sobre todo la mejoría de estado
general y mental que precede siempre a la mejoría local. Es necesario
que tengan paciencia y colaboren con él en la búsqueda del
medicamento constitucional.
5) Ante el uso cada vez más difundido de las vacunas que reciben
sus hijos, el homeópata reclama la observación por parte
de los padres de posibles efectos secundarios, los cuales pueden ser leves
y de resolución espontánea o más graves y que afecten
por largo tiempo la salud del niño. Dentro del arsenal terapéutico
contamos con medicamentos útiles para contrarrestar en forma eficaz
tales trastornos. |