| Al consultorio
del médico homeópata, se puede afirmar que en general concurren:
los que siempre se atendieron con homeopatía, los que están
desesperados o apurados por no lograr con la medicación alopática
el resultado que esperan en tiempo y forma, los que atienden a sus mascotas
con un médico veterinario homeópata y que sorprendidos doblemente
por el buen resultado del tratamiento y por enterarse de que también
esta terapéutica es aplicable a las personas enfermas y finalmente
los que desean hacer un cambio que satisfaga sus expectativas, pero con
una actitud más calma, casi con curiosidad por lo que han oído
o leído en revistas de divulgación o en la televisión
pero también esperando un enfoque médico que abarque la
totalidad de los síntomas que motiva su concurrencia al consultorio
médico.
Me referiré a la entrevista con el paciente que me visita por primera
vez. En ella trato de explicarle al comienzo de la misma, de un modo más
bien sintético y didáctico "de que se trata".
Entre otras cosas le cuento que, en general, el síntoma motivo
de la consulta es la consecuencia de algo que tiene que ver con la totalidad
de la persona; que es como una luz roja en relación con todo un
circuito (la persona); que ésta es una unidad psicofísica;
y que no se puede pensar que este ser está medio enfermo y medio
sano: o está relativamente sano o está en desequilibrio
(síntomas manifiestos, motivo de su preocupación).
Que al ser cada uno de nosotros únicos, inéditos y personales
también el individuo, en su enfermedad se muestra de una manera
singular y el medicamento homeopático será el que corresponda
a los síntomas representativos de la totalidad de ESA persona.
Por ejemplo, pensemos en dos hipotéticos pacientes con gran cansancio,
debilidad, dolor en todo el cuerpo, fiebre, tos, catarro, descarga nasal
copiosa, etc. La medicina tradicional, siguiendo su sistema terapéutico
le dará un antifebril, analgésicos, gotas nasales y alguna
bebida expectorante, lo que está bien.
El homeópata, tras el examen clínico y un prolongado diálogo,
donde habrá más de escuchar que de preguntar podrá
concluir que, si bien las manifestaciones gripales son semejantes, los
enfermos no lo son, ya que: uno de ellos está con llanto fácil,
deseo de compañía, lleno de temores, sin sed, con deseo
de cosas refrescantes, muy caluroso, coincidiendo el comienzo de su enfermedad
con una situación que la vivió con gran pena y que probablemente
se aliviará tomando Pulsatilla.
El otro paciente, con los
mismos síntomas físicos, muestra una gran inquietud que
lo hace dar vueltas en la cama, muy ansioso, con gran miedo a la muerte,
desesperado de curarse, asegurando que es probable que muera, irritable
durante la fiebre, con dolores ardientes, muy friolento, pidiendo bebidas
y comidas calientes. La aparición de sus síntomas actuales
tiene relación con una pérdida financiera sufrida poco antes
de la manifestación de los mismos.
El médico pensará que una dosis de Metallum Album, lo aliviará
prontamente. Por ello, la homeopatía asegura que no hay enfermedades
sino enfermos.
Con estos ejemplos trato de explicar al paciente que se acerca a la homeopatía
que, salvo que sea una enfermedad accidental, como una caída, un
golpe, etc. siempre, tras síntomas semejantes en diferentes personas,
hay un sufrimiento profundo que las diferencia y que podemos llamar ANGUSTIA
EXISTENCIAL, siendo la misma distinta en cada ser humano y que condiciona
sus actitudes de vida, su enfermedad existencial. Esta puede ser la sensación
de no sentirse querido, o una gran falta de autoconfianza, o una sensación
de culpa, etc., todas sensaciones que a la persona le impiden SER en plenitud,
condicionando actitudes de vida frente a estímulos cotidianos en
su trabajo, en su profesión, en la familia, etc.
* Que será UNO solo el medicamento homeopático y que éste
tendrá los mismos síntomas que representan a la esencia
de la modalidad de esa angustia existencial, referida en la entrevista
(homeopatía: deriva del término griego homoios que significa:
semejante y pathos: sufrimiento, enfermedad), junto a los demás
síntomas expresados por el enfermo.
* Que los homeópatas somos vitalistas. Significa que aceptamos
la existencia de una energía, ENERGIA VITAL, que no se puede ver,
pero se manifiesta con síntomas, que es lo que diferencia al ser
vivo del cadáver y que relaciona las diferentes partes del cuerpo
en forma armónica y que cuando por alguna causa se desarmoniza,
se muestra dando síntomas mentales, generales o locales, conformando
esa expresión única y singular de su enfermedad.
* Que el medicamento único, usado en dosis mínimas, que
puede ser del reino animal, vegetal o mineral, tiene un proceso de dilución
y dinamización, le será administrado en forma de glóbulos,
gotas o como un polvo, según lo que el médico considere
más apropiado, siempre lejos de las comidas.
* Que el médico homeópata no mira el iris, porque eso no
tiene que ver con la homeopatía, no da frasquitos ni pastillas,
ni hace tratamientos para adelgazar.
* Que si es necesario puede pedir análisis, radiografías
o cualquier otro estudio complementario del diagnóstico clínico.
|