| Parafraseando
una conocida expresión del Dr. Florencio Escardó que decía
"Medicina es la que cura" yo le agrego "Medicina es la
que Suma".
La historia del pensamiento médico no es lineal sino es un camino
sinuoso con calles sin salida y bifurcaciones que se abren en forma de
abanico como las nervaduras de una hoja. Cada calle sin salida expresa
sin embargo una idea o teoría que aunque muchas veces refutada
o superada por conocimientos ulteriores ha dejado siempre algún
aspecto de verdad que se suma a los conocimientos médicos actuales
o ha sido base para estos.
Y en Medicina nadie puede atribuirse o arrogarse la capacidad de curar
todo y a todos. Por ello existe un abanico de posibilidades terapéuticas
que van desde lo más biológico y organicista hasta lo puramente
energético y aún espiritual.
La medicina de nuestros días ha hecho tales avances que aún
los médicos dedicados no llegan a mantenerse actualizados o lo
hacen sólo en alguna de las especializaciones.
Por eso surgen como inevitables las interconsultas entre profesionales
que les permite ayudar al paciente a elegir las mejores opciones dentro
de las posibilidades terapéuticas.
Por eso también se hace necesario y un deber ético para
el médico estar informado de todas las posibilidades terapéuticas
que pudieran convenir a un paciente en un determinado caso asumiendo que
no podrá más que orientar a su paciente hacia una de estas
y sólo llevar adelante el tratamiento si es su propia destreza
lo que más conviene al paciente en este caso. Esto de por sí
ya es tarea bastante complicada si tenemos en cuenta la gran variedad
de enfoques y sistemas médicos que han aparecido y aparecen constantemente.
Desde distintas formas de tratamientos fisiátricos o kinésicos
más o menos energéticos como la osteopatía, la re-educación
postural global, etc. Hasta puramente energéticos como el reiki
y por supuesto todos los avances que ofrece la Medicina tradicional, alopática
con el maravilloso desarrollo de la técnica que permite hacer diagnósticos
de enfermedad orgánica sumamente precoces y cada vez mas exactos
así como tratamientos de las consecuencias de la enfermedad crónica
como la angioplastía o la litotricia que hasta hace pocos años
eran imposibles de imaginar.
Y cuál es el lugar de la Homeopatía en este abanico. Es
curioso que en esta vorágine evolutiva la Homeopatía sigua
vigente apoyada en los mismos principios doctrinarios que hace 200 años.
Quizás porque dichos principios han partido de la sola observación
de la realidad y no han sido teorías imaginadas por el hombre para
ver si luego son confirmadas.
Muchos pacientes consultan al comienzo del tratamiento que hacer en caso
de fracturas, si deben enyesarse u operarse, o diabéticos si deben
continuar con la insulina, etc. Estas dudas se originan en la poca importancia
que se le da en la Medicina actual al concepto de enfermedad crónica
así como la Homeopatía la concibe. Así la Homeopatía
se arroga el tratamiento de la llamada "enfermedad natural"
especialmente; que es aquella que obedece al desorden o desequilibrio
propio de cada individuo y que se ha producido por la propia predisposición
a enfermar que tenemos todos los seres humanos pero cada uno a su manera
particular. Distinto es esto que un hipotiroidismo secundario a un tratamiento
quirúrgico con ablación de la glándula tiroidea o
un tratamiento radiante que destruye las células productoras de
hormonas. En dichos casos deberá "suplirse" la hormona
ya no producida por la glándula por hormona producida externamente
e ingerirse como un medicamento. Dicha terapéutica que substituye
sustancias necesarias que el cuerpo ya no produce es llamada "terapéutica
sustitutiva" y no es patrimonio ni se contrapone a la Alopatía
ni a la Homeopatía.
El mismo criterio debe aplicarse en aquellos casos en que son necesarios
procedimientos de corrección mecánica que sólo la
cirugía puede lograr.
De acuerdo a todos estos criterios la Medicina se encamina a una terapéutica
ideal que quizás nuestros hijos o nietos disfruten en la que el
primer lugar lo ocupará la prevención y en la que la Homeopatía
ocupará un lugar de privilegio ya que de todas las corrientes médicas
es la que mejor actúa sobre esta predisposición o diátesis
a enfermar antes que la enfermedad comience y se manifieste, pudiendo
vislumbrarla en pequeñas alteraciones de la normalidad que no constituyen
síntomas patológicos pero si muestran un desequilibrio funcional
que se manifiesta en un cambio molesto del carácter, una sensación
angustiosa, un temor exagerado o sin razón, una transpiración
demasiado ofensiva, una marcada tendencia a comer algo en particular,
cambios de ánimo o carácter relacionados al período
menstrual en la mujer, o simplemente un cansancio desusado o la falta
de alegría que el sólo vivir debería producir.
Y con relación a la alegría de vivir que tan difícil
es sostener en estos días en nuestro País, y a los fines
de "Sumar", quisiera agradecer al Dr. Sergio Rozenholc, Director
del Periódico, por "Sumar" una nueva vía de expresión
a esta rama del pensamiento médico que practico con todo amor,
dedicación y energía con la convicción que como dijo
Samuel Hahnemann en París el 12 de marzo de 1843 "Los más
inestimables tesoros son una conciencia irreprochable y una buena salud;
el amor a Dios y el estudio de uno mismo dan la una, la Homeopatía
da la otra". |