Hace tiempo ya que vengo observando en
el consultorio (y también fuera de él) que las nuevas
generaciones de niños no solo llegan al mundo con una mayor velocidad
de crecimiento y de desarrollo, alcanzando las pautas madurativas cada
vez más precozmente
(¡no me extrañaría que en unos años más
ya sean capaces de caminar al nacer!, como lo hacen la mayoría
de los mamíferos). Además de esto, que es totalmente real
y objetivo, hay "algo más": es una especie de don especial
, que se ve más claramente en los primeros años de vida,
antes de que el contacto con la sociedad de consumo contagie al niño
y sumerja esta maravillosa cualidad en la latencia.
El recién nacido ya no es más un ser pasivo, de ojos cerrados
que solo despierta para alimentarse. Abre sus ojos, asombrados de mundo,
ni bien abandona el útero, es capaz de mirarnos a los ojos, nos
estudia con atención, comprende de algún modo nuestros
gestos, nuestras palabras y capta perfectamente nuestras intenciones.
A veces estos niños me dan la impresión de que son ancianos
sabios encerrados en un cuerpo pequeño.
El don al que me refiero es el poco definido y tan controvertido sexto
sentido. En la película homónima, un niño tiene
conductas extrañas y terrores inexplicables que lo hacen aparecer
como "loco" ante los demás. Su madre contrata a un
psicólogo que logra desentrañar el misterio: las conductas
y reacciones del niño respondían simplemente a su capacidad
de ver lo que para el común de las personas es invisible. Veía
cadáveres , se le aparecían muertos que se comunicaban
con él y lo aterrorizaban. Luego de considerarlo inicialmente
un caso perdido de insanía, el psicólogo logró
comprobar que las visiones de su paciente correspondían a una
realidad preexistente y documentada de personas fallecidas tiempo atrás.
Si este niño fuera nuestro paciente, ¿nos ayudaría
tomar síntomas tale como visiones horribles, o visiones vívidas,
o de muertos o ilusión habla con muertos. Al ser una visión
real, usando un sentido poco común pero confiable, ¿deja
la percepción de ser un síntoma homeopático para
convertirse en una normalidad para ese individuo?. ¿O es justamente
el hecho de que tenga desarrollado este sexto sentido lo que nos va
a guiar hasta el similimum?. Aún no tengo una respuesta clara
a esta pregunta. Será bienvenida cualquier opinión o experiencia
de los lectores acerca de este tema.
Cada vez más personas buscan despertar y desarrollar voluntariamente
esta especie de "sensibilidad energética", llámese
intuición, percepción extrasensorial o paranormal, tercer
ojo o sexto sentido. Disciplinas tales como el Tai Chi Chuan, el Rei
Ki, la bioenergética, el chamanismo, el Taoísmo Curativo,
el Chi Kung y muchas otras, son capaces de ayudarnos rápidamente
a conectarnos con nuestro cuerpo energético y a manejarlo a voluntad
aprendiendo a percibir primero nuestra propia energía y luego
la de los demás y la del ambiente que nos rodea.
Pero los niños ya tienen este don a flor de piel desde que nacen.
Adriana de 3 meses lloraba y gritaba constantemente en una casa que
sus padres alquilaron durante las vacaciones, solo calmaba al alejarse
de la vivienda. Más tarde se enteraron de que en ese lugar habían
ocurrido hechos trágicos y macabros. ¿Era este un llanto
sin causa?
Martín a los 3 años hablaba con su "abuela India"
que según él vivía en el cielo. Un 25 de mayo dijo:
"hoy es el cumpleaños de mi abuela India". Esa era
exactamente la fecha del cumpleaños de su abuela paterna, llamada
Delia, fallecida varios años atrás. El niño también
mencionaba datos extraídos de sus conversaciones con su abuela
"fantasma"que coincidían con la abuela real a la que
jamás había conocido. ¿Habría que curarle
a Martín el síntoma habla con muertos o la clarividencia?.
Celina de 5 años nunca quiso dormir ni sola ni acompañada
en el dormitorio de su nueva casa. Lloraba y despertaba en mitad de
la noche muy asustada, pero dormía perfectamente en cualquier
otro lugar. Su familia averiguó que uno de los dueños
anteriores había fallecido recientemente en la habitación
que ocupaba Celina.
Valeria de 4 años un día llevó arena y un recipiente
con agua a un rincón de su cuarto. Informó a su madre
con toda tranquilidad que estaba por llegar a visitarla una Ondina (o
ninfa del mar) y le había pedido que le preparara su hábitat.
Valeria estuvo cuidando y hablando con su huésped unas semanas
hasta que un día anunció que "ya se había
ido".
¿Tomaríamos en este caso visiones fantásticas,
oye voces, ilusión otra persona está en la habitación?.
Como estos ejemplos hay muchos: por ejemplo niños que "saben"
en qué momento acaba de fallecer un familiar internado, "amigos
invisibles" que tienen nombre, cuerpo, personalidad e historia,
visiones vívidas que asustan al niño siempre en el mismo
lugar y repetidas de igual manera.
En un intento de descubrir cuál podría ser la utilidad
de estas observaciones en la búsqueda de un buen remedio homeopático,
trato de diferenciar en la consulta las ilusiones verdaderas (o alucinaciones)
de la fantasía imaginativa, tan propia de la infancia. Para esto
pido al niño que dibuje o describa en detalle lo que ha visto
u oído. Una alucinación suele ser fácil de recordar,
el niño no tiene dudas de tamaño color y forma y la describe
siempre igual: su relato es coherente y preciso. En lo imaginado el
niño continúa su juego y va agregando o quitando detalles,
cambiando sus declaraciones, a veces entrando en contradicción,
y también puede mostrarse incapaz de plasmar una imagen gráfica
definida.
Una vez establecido el diagnóstico de "ilusión",
me queda siempre la duda de si es realmente una alucinación inexistente,
o si somos los demás los que no tenemos "ojos especiales"
para poder ver lo que el niño ve.
Algunas veces me ha resultado útil tomar estas ilusiones en cuenta
para repertorizar, pero en otros casos me han desviado completamente
del camino.
Últimamente estoy notando que prescribo Phosphorus con mucha
frecuencia a niños pequeños con muy buena respuesta. Tal
vez esta nueva generación de la Era de Acuario, llamada a veces
"Hijos de la Luz" o también "Niños Índigo",
llegan a este planeta con su corazón abierto para el Amor y dispuestos
a la Compasión (así con mayúscula, no cualquier
amor y compasión comunes: me refiero a los atributos más
puros y esenciales del Espíritu). Nacen también con su
"sexto sentido" completamente desarrollado y poseen una inteligencia
sutil y sensible. Todas estas cualidades hacen que al enfrentarse, a
medida que van creciendo, con la cruda realidad de nuestro querido y
vapuleado planeta Tierra entren en crisis de pánico llenándose
de miedos, apegándose excesivamente a sus padres y paralizando
su vida a causa del dolor insoportable que les causa el sufrimiento
ajeno. De este modo van conformando a la perfección el cuadro
phosphórico.
Lo que sí es cierto es que todos estos niños nacen con
la "ilusión de crear un mundo mejor", que no figura
en el repertorio pero que espero que pronto se convierta en una visión
real y no alucinatoria para todos.
(Estimado lector: tengo la ilusión de que estás leyendo
este artículo, ¡gracias por tu tiempo!.....¿o estaré
alucinando?)