| A veces uno escucha historias
acerca de perros que nos llenan de asombro, por su valentía, abnegación
y entrega desinteresada hacia sus amos.
Pero a veces escuchamos otras historias que nos asombran por la capacidad
de adaptación que han desarrollado, en un medio que le es de una naturaleza
completamente distinta a su condición animal y que pone a prueba su inteligencia
como principal herramienta de adaptabilidad, adquiriendo costumbres, vicios,
temores y cualidades que le son propias a la especie con quien conviven:
los humanos.
Quizás quienes están mas adaptados para desarrollar estas cualidades,
son los individuos Lycopodium. A modo de ejemplo va esta historia que
trataré de transcribir textualmente.
El problema de Fox, por el cual me consultan (el 18/03/94), no es algo
habitual para el consultorio veterinario, es más, creo que nunca antes
hasta esa fecha me habían traído un perro por ese problema. Querían hacerlo
bajar de peso.
Sus dueños se enteraron de que yo hacia Homeopatía y me confundieron con
esos médicos que realizan tratamientos casi mágicos, con varias píldoras
de distintos colores, para distintos horarios y que promocionan a sus
tratamientos como homeopáticos para adelgazar, pero que nada tienen que
ver con la homeopatía que nosotros aplicamos.
Fox es un ovejero alemán de 7 años de edad de una contextura robusta y
que debía estar pesando unos 80 kg. Aproximadamente. Lo normal para un
ovejero es de unos 40 a 50 kg., pudiendo en casos excepcionales llegar
a 60 kg.
A pesar de que no es un perro viejo, tiene la cara cubierta por canas
que le aparecieron desde muy corta edad, "es vejez prematura"
me dice don Enrique, su dueño.
"Siempre ha tenido problemas de alergia, le hemos puesto pulguicidas
y se ha brotado aún más".
"De comer le damos pollo, huesos de vez en cuando, manzanas, zanahorias,
queso port-salut, leche con salvado y un balanceado dietético, pero nunca
pudimos hacerlo bajar de peso.
"De chico tuvo un problema de displasia de cadera pero que se pudo
controlar a fuerza de medicamentos, y esta es una de las razones por las
cuales me preocupa hacerlo bajar de peso".
Mientras la consulta se iba desarrollando se daba una situación un tanto
ridícula e incomoda para mí. Permanentemente don Enrique interrumpía la
narración para dirigirse a Fox diciéndole: "Estas en lo del veterinario,
él te va a revisar", "te va a curar", y señalándome con
el dedo índice le indicaba al perro "veterinario...veterinario".
Ante mi cara, mezcla de asombro e incomodidad, don Enrique me explica:
"Es que a este perro le tengo que ir explicando, porque entiende
todo, doctor. No se le puede decir nada fuerte o insultarlo porque se
ofende. Si le grita o lo maltrata va a un rincón y se encapricha y no
da pelota a nadie".
"Es muy sensible a los retos. Una vez que lo retamos se quedo duro
en el suelo y no respondía a nada".
"Siempre tuvo un carácter fuerte. No se deja tocar, pero no muerde,
arrincona".
"Cuando entramos en algún negocio, al rato él considera al lugar
como suyo, y es capaz de enojarse con alguno que ingrese al local y chumbarle
como si estuviese en casa".
"Con mi señora se pelea de vez en cuando, le muestra los dientes.
Pero también ella es un poco cargosa, le cepilla los dientes, cuando viene
de caminar le lava las patas, le pasa un trapo húmedo por la cara por
las colas que pudiese haber estado oliendo por allí".
"Cuando en las mañanas me afeito, él también quiere afeitarse y le
tengo que pasar la maquina como si lo estuviera afeitando".
"Duerme en un colchón que tiene para él. Si el gato que tenemos llega
a estar acostado en su lugar, él lo espera pacientemente a que se levante.
Jamás lo ha echado".
"Se come todo. No hay nada que no le guste. Come todo rápido. Ve
masticar a alguien y pide. El pollo y el asado son lo que más le gusta,
los dulces y la leche. También le gusta la fruta, la naranja, la mandarina,
las manzanas deliciosas, mas que las ácidas.
"La comida cuando esta caliente espera a que se enfríe y si esta
helada le gusta más".
"Toma mucho agua, pero solo agua mineral. No toma si es de canilla
y si esta sucio el bebedero no la quiere. Toma todo de un trago y se va".
"Vomita a veces, cuando come en demasía, o a veces vomita si lo retan
o cuando esta en el almacén y ladra mucho".
"A los perros grandes les dispara y a los chicos los protege. Evita
la pelea. Cuando tiene que pasar por la vereda en la que vive un perro
que le ladra mucho, trata de evitarla, si no va caminando sigilosamente
por el cordón. Con la correa se siente mas protegido, sino, tiene miedo".
"Los ruidos o los cohetes no le asustan pero le ladra a los truenos
o los relámpagos. Cuando era chico le reventó un globo, desde ese entonces
cuando inflan algo él retrocede y nos pide que no lo inflemos".
"Cuando hace mucho calor se sofoca y se babea, por lo cual le ponemos
el ventilador y duerme con él encendido. Si esta apagado pide que se lo
enciendan para dormir la siesta. El fresco no le afecta mucho".
"Sube como un loco al auto, le gusta viajar, pero una vez adentro
del auto grita (sic) y se desespera, nunca lo puedo hacer callar. Se pone
muy inquieto y no deja acercar a nadie, lo toma como su propiedad".
Le pregunto ¿cómo es un día en la vida de Fox? Y me contesta: "Hace
una vida sedentaria en general. A las 5 de la mañana, se levanta para
ladrarle al lechero (don Enrique es dueño de un almacén) y vuelve a dormirse,
a las 7 y 30 espera al diariero, y a la noche me espera a mí para comer".
- ¿El no come si no está usted?, le pregunté.
- Así es. Me espera sentado a la mesa, en un extremo, con su mantel y
su plato y no empieza a comer hasta que yo me siento a comer".
"Se cree con derecho en todo. Si voy al baño no puedo cerrar la puerta
porque él trata de meterse".
"Todas las mañanas cuando voy a comprar el pan, le compro una medialuna
de manteca que el panadero se la pone en una bolsita que Fox agarra con
la boca y la trae hasta el almacén. Si no le llego a comprar la medialuna
se ofende y no me da bolilla por toda la mañana. Cuando vamos a algún
negocio él quiere llevar las cosas en la boca y mientras lleva algo no
quiere que lo toquen".
"Cuando se va de la veterinaria, tengo que improvisar algún paquete
o cajita para que Fox lleve entre los dientes, de lo contrario, insiste
para que le den algo para llevar".
"Usted sabe doctor, yo tengo problemas de presión y los fiambres
los tengo prohibidos, pero para mí es una tentación enorme trabajando
en una fiambrería. Entonces hay veces que me corto una feta de jamón y
me voy a comerla detrás de alguna estantería, como para que no me vea
mi señora, ¡pero me ve Fox!, y éste sale corriendo hasta donde está mi
mujer y le ladra de una manera especial, avisándole que estoy cometiendo
una falta, como para que venga y me rete. Eso le pone contento. Es todo
un buchón".
Sin más preguntas de mi parte le di Lycopodium 200.
Al mes viene don Enrique quien evidentemente intuye perfectamente por
dónde va a pasar la curación de Fox, y con todo su buen humor me dice:
"El perro está bárbaro doctor. Se está curando. Por primera vez le
mordió a mi señora".
"Está como cuando tenía 3 años menos, ha rejuvenecido. Menos ansioso,
come menos, más sociable con los demás perros".
Y le volvieron a salir algunas lesiones en piel que ya antes había tenido.
Los síntomas que le podría haber tomado para hacer una repertorización
eran muchos, todos cubiertos por Lycopodium, como ser:
1- ofensa fácil, 2- compasividad, 3- cobardía, 4- admonición agrava, 5-
trastornos por cólera, 6- mortificación, 7- duro con subordinados y amable
con los superiores, 8- aversión a ser tocado, 9- sensible a los ruidos,
10- deseo de comida fría, 11- prisa comiendo, 12- comer hasta saciar agrava,
13- encierro agrava, 14- vejez prematura.
Hasta se podría tomar el síntoma de Espía que también cubre Lycopodium,
pero por sobre todas las cosas surge la problemática del poder, que es
justamente la lucha de los derechos de unos contra los derechos de los
otros, y como dice don Enrique "... se cree con derecho a todo".
Tiene derecho a ser respetado y no ser maltratado, ni herir su orgullo.
Tiene derecho a afeitarse como su dueño.
Tiene derecho a comer en la mesa como todos.
Tiene derecho a tomar agua mineral y no de la canilla.
Tiene derecho a desayunar con facturas en las mañanas, como todos.
Tiene derecho a saber qué hacen en ese cuarto al cual se meten y cierran
la puerta.
Tiene derecho a dormir con un ventilador encendido.
Tiene derecho a pedir que no inflen globos o bolsas en su presencia pues
pueden hacer ruidos que le son molestos.
Los más chicos tienen derecho a ser protegidos, como su gato. Y sobre
todo, tiene derecho de sentirse útil, por eso exige llevar algo en la
boca cuando sale a la calle.
Hasta el día de la fecha le seguí dando Lycopodium y está decidido: cuando
logre bajar esos kilitos de más y mejore así su imagen pública, lanzará
su candidatura como representante canino "Por los derechos del perro".
Dr. Gustavo Gómez
Médico Veterinario Homeopático
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