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Fecha
Marzo / Abril 2018 - Nro 87 -Año XVIII
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La Enfermedad No Impide la Salud*

Cuando escuché esta frase por primera vez me impactó la coincidencia con una impresión personal en la que he reflexionado varias veces. En la entrevista homeopática a un niño se toma parte de su árbol genealógico en consideración con el propósito de tener una idea de conocer la energía ancestral que ese niño pudo haber tomado para sí; descubrir cuál es el miasma ** predominante en su familia; cómo es su vida cotidiana (ej. si hay miembros de la familia muy enfermos, discapacitados físicos o mentales, etc.). Lo que llama poderosamente la atención es que al preguntar a los progenitores del niño si padecen o han padecido en algún momento de su vida problemas de salud, muchas veces responden “soy sano/a”. Más tarde casi al finalizar la consulta puede surgir que la madre ha tenido un cáncer o que el padre toma medicación por alguna enfermedad inmunosupresora. Incluso al preguntar por la salud previa del niño pueden decir “es muy sano, nunca enferma, salvo por los broncoespasmos normales que tienen todos los niños”. En este último caso se toma como normalidad lo que es común pero sigue siendo anormal.

¿Por qué una persona que ha estado o está enferma crónicamente se considera a sí misma sana? ¿Es bueno o no que lo haga? ¿Es que niega sus problemas o simplemente se para en una mirada positiva de la vida?

En primer lugar, consideremos que a todos nos gusta estar sanos (salvo excepciones de conveniencia personal para obtener un beneficio secundario) por lo tanto cuesta bastante aceptar que uno no lo esté. Por otro lado sabemos que nuestra mente tiene un enorme poder sobre nuestro cuerpo físico, de modo que si pensamos que estamos bien y que nos vamos a curar tenemos mucha más chance de salir adelante que si pensamos que nos vamos a morir. Desde ya que el pensamiento positivo será acompañado de las acciones médicas necesarias para la mejoría del cuadro. Bien dice un dicho árabe “rézale a Alá pero ata tu camello”.

La actitud que asuma un enfermo frente a su propia dolencia determinará su grado de salud. Esto es especialmente válido en enfermedades crónicas de larga duración o en secuelas de accidentes o enfermedades genéticas o congénitas incapacitantes. Vemos en el subte ciegos o personas sin brazos o sin piernas que se ganan la vida haciendo pública su autocompasión. Sin embargo, a diario nos cruzamos con personas con las mismas discapacidades que forman parte de la sociedad como cualquier otro sin utilizar sus diferencias para integrarse social y laboralmente. Por lo tanto, si tomamos como ejemplo una persona en silla de ruedas que trabaja, se siente útil y digna, genera amistades y relaciones sociales, puede considerarse a sí misma “sana”. En cambio una persona hipocondríaca que tiene la mirada puesta en cualquier pequeño síntoma corporal, está sana físicamente desde el punto de vista médico pero se considera a sí misma como “enferma”.

De modo que esta frase tan oportuna del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano nos invita a observar cuál es nuestra actitud frente a nuestras enfermedades. No se refiere a que nos hagamos los superhéroes y en medio de un cuadro febril nos vayamos a trabajar en lugar de darle al cuerpo el reposo que nos pide. Significa, desde un punto de vista totalmente personal, que uno debe aceptar la enfermedad como algo que nos está sucediendo y alinear la mente con el proceso de curación, reitero, tomando las medidas necesarias en esta dirección. En este caso ejemplo del cuadro febril serían: respetar la fiebre sin recurrir a químicos que la supriman; acompañar a la energía vital con un remedio homeopático adecuado si se atienden con Homeopatía y darle al cuerpo el tiempo que necesite para reponerse sin lamentos ni quejas inútiles.

En el Chamanismo Huna hay muchas técnicas mentales que pueden usarse para ayudarse a uno mismo en un proceso de curación. Una de ellas es evocar en nuestra memoria cómo nos sentíamos cuando no estábamos enfermos y revivir la sensación en lo físico y en lo mental de ese estado, como un recuerdo muy vívido. Esta técnica acuerda totalmente con el título de esta nota. Si estamos enfermos, no olvidemos nunca que sabemos también estar sanos.

Dado que la actitud positiva frente a los problemas de salud es tan vital para su resolución, es bueno acompañar con un buen medicamento homeopático que ayudará al paciente en primer lugar a equilibrar su estado mental y desde allí a mejorar su estado físico. En Pediatría Homeopática da mucha satisfacción cuando los padres nos cuentan que su hijo sigue con 40º de fiebre pero su ánimo ya está mucho mejor y quiso comer y jugar. Una vez que la mente, o sea la capa más profunda de una enfermedad, mejora, sabemos con certeza que la curación ya se ha puesto en marcha y solo hay que esperar el tiempo que sea necesario en cada caso.

Los invito a utilizar este concepto “la enfermedad no impide la salud” para vuestro propio beneficio cada vez que algún síntoma los aleje del equilibrio de la salud. Es algo tan simple como cambiar nuestra mirada acerca de la situación, lo que lógicamente será más difícil en los casos de enfermedades graves y/o dolorosas pero no imposible de aplicar también. No solo es adecuado para nosotros mismos sino también para cuando algún ser querido enferma: será de gran ayuda para el otro una mirada nuestra que acompañe con aliento y esperanza.

¡Hasta la próxima!


* Idea tomada del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano

** concepto homeopático que se refiere a la forma o tendencia que expresan las enfermedades (ej. problemas de hiperreactividad o proliferativos o destructivos)

Dra. Liliana Szabó
Médica Pediatra y Homeópata
A.M.H.A.