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Fecha
Septiembre / Octubre 2017 - Nro 85 -Año XVII
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El Aprendizaje a Través del Juego

Apenas se gesta un niño en el útero de su madre empieza a circular entre sus padres y familia extendida un deseo de guiar y de enseñar, en paralelo con cierta expectativa consciente o inconsciente de lo que ese recién nacid@ hará o en qué se convertirá cuando crezca. Se ponen en marcha mecanismos ancestrales y se activan todas las programaciones que hemos recibido a lo largo de nuestra vida acerca de qué y cómo habrá que enseñarle a ese niñ@ a lo largo de su infancia.

Sin embargo, no hace falta enseñar nada en forma metódica ni compulsiva ni programada. L@s niñ@s no necesitan que se les enseñen porque ya traen consigo la sed de aprender. O sea que lo único que habría que hacer es poner a su disposición el mundo, generar en ell@s las preguntas y ofrecerles las respuestas que ell@s no puedan deducir por sí mismos.

Por ejemplo, no enseñamos a un bebé a hablar ni a caminar: el bebé tomará del medio el lenguaje que escucha a diario y que ya empezó a aprender desde su vida intrauterina y lo desarrollará según sus propias capacidades y el medio en que haya nacido. Si el lenguaje en su entorno es culto, lo imitará y si es grosero también, ya que no discrimina hasta mucho más tarde en la vida lo adecuado de lo inadecuado. ¡Tampoco se puede obligar ni enseñar a un bebé a caminar antes de que aprenda por sus propios medios!

Por otra parte, para l@s niñ@s la vida es una gran aventura para jugar. Nada es serio ni formal, todo sirve para divertirse. Lo que l@s haga sonreír será aquello que luego van a elegir como prioridad en su vida. Ningún niñ@ elige la tristeza ni el enojo voluntariamente; por lo que toda imposición será rechazada. Si la imposición persiste y viene de alguien mucho más fuerte, obviamente l@s niñ@s terminarán por doblegarse o sobre adaptarse, pero este no es un aprendizaje deseado para su futuro. El aprendizaje a través de la fuerza deja siempre un resabio de angustia y resentimiento, además de generar rechazo hacia el aprendizaje mismo.

Existe una gran crisis a nivel escolar y a nivel familiar.

Con respecto a la escolaridad, l@s alumn@s no quieren estudiar, se aburren, reniegan de sus tareas escolares y muchas veces descargan su enojo y frustración en forma violenta contra docentes y pares. Si decimos que la gran motivación para l@s niñ@s es el juego y estamos hablando de la palabra “tareas” escolares ya desde casi prescolar, en algo nos estamos equivocando.

Qué diferente es decir, por ejemplo: “para mañana tienen que cumplir con la tarea de biología sobre la respiración vegetal, al que no la traiga se le pondrá mala nota” en lugar de: “estamos investigando lo maravillosas que son las plantas, mañana vamos a jugar con ellas, así que exploren en sus casas todo lo que puedan a ver si descubren el misterio: ¿cómo respiran las plantas si no tienen pulmones como nosotros?”

En la infancia el misterio, lo maravilloso, lo increíble, lo escondido, lo colorido, lo divertido logra que l@s niñ@s se muevan, actúen y participen.

Este pequeño ejemplo puede trasladarse a todo lo cotidiano: si un niñ@ pequeño no quiere ir a bañarse, se lo puede motivar para que se fije si en la bañera hay algún personaje favorito o animal que le guste y se lo puede llevar allí a través de un cuento inventado para la ocasión. Es mucho más fácil motivar a un niñ@ a que se mueva sol@ y haga todo por propia voluntad que tener que empujarlo y obligarlo. Recordemos que la motivación de un bebé para gatear y luego caminar está impulsada por su deseo de ir a algún lugar o alcanzar algo que desea. ¡No se nos ocurriría empujarlo para que gatee!

Hay una crisis de crianza en la familia porque en general los padres están muy ocupados, disponen de tan poco tiempo para sí mismos y para compartir con sus hijos que la relación filial termina siendo una relación tensa ya que siempre se comparten las obligaciones y no el placer de simplemente estar presente con.

Si los adultos comprendieran que el lenguaje del niño es el juego y que a través de él irán aprendiendo sin ningún esfuerzo a ser responsables y a amar sus tareas porque no son impuestas, no habría tanta necesidad de consultas psicológicas ni para padres ni para hijos.

El adulto que logra hablar en el lenguaje del juego simplemente está traduciendo su realidad a una realidad aceptable y comprensible para el niñ@. De ninguna manera jugar significa perder autoridad, al contrario, l@s niñ@s respetan mucho más a un adulto que juega con ell@s y les explica el porqué de las cosas que a un adulto que les grita y se las impone por la fuerza.

¿Cómo puede la Homeopatía ayudar en estas situaciones?

Los remedios homeopáticos pueden alivianar rencores acumulados en l@s niñ@s por el maltrato y autoritarismo previos y así brindar a los padres la chance de iniciar una nueva etapa de buen trato. Por otro lado si a los padres les cuesta el cambio por razones de personalidad y temperamento, también un buen remedio homeopático ayudará a limar sus asperezas de carácter. Hay niñ@s naturalmente temperamentales que también se beneficiarán con su medicamento homeopático para aceptar con mayor facilidad las condiciones a las que tiene que acostumbrarse para vivir en nuestra sociedad.

En síntesis, cada vez que un niñ@ se resista a hacer algo que consideramos que es muy importante que haga (y este es un buen punto a preguntarse, si es realmente importante obligarlo a determinada cosa), busquemos la forma de motivarlo para que el niñ@ desee hacerlo espontáneamente. Con un poco de creatividad e imaginación, esto en general es posible. No recomiendo de ninguna manera recurrir al “soborno”: ej. “Si te portás bien te doy un caramelo” ya que educar a l@s hij@s de esta manera genera en ellos la creencia de que todo lo que hagan en su vida tiene que ser a cambio de algún premio.

Con el deseo de que los adultos que lean este pequeño artículo puedan volver a contactarse y a disfrutar con su propia capacidad de jugar, ¡me despido hasta la próxima!

Dra. Liliana Szabó

Médica Pediatra y Homeópata
A.M.H.A.