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Fecha
Septiembre / Octubre 2017 - Nro 85 -Año XVII
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¿Abandonar es Fracasar?

A raíz de la nota publicada en el número anterior, titulada ¿Dejo que me elijan la vida o aprendo a elegir yo?, pregunta, vía Correo de lectores, Lucía de Pilar, a qué me refiero cuando digo que “el abandono prematuro de proyectos tiene un alto costo emocional y económico que puede evitarse” y si considero que es bueno insistir “cuando uno se da cuenta que es un fracaso”.

Por más revalorización que haya actualmente de los “fracasos”, la palabra me desagrada, y más cuando alguien se identifica totalmente con ella y asume que ES un fracaso en vez de pensar que tal o cual actividad fracasó. Lo cual no es ponerlo afuera para no responsabilizarse, sino objetivarlo para poder verlo mejor. El diccionario dice que fracasar es “no conseguir el resultado pretendido” y ahí creo que se encuentra la clave de la confusión, en torno a las pretensiones.

Si se pretende escribir como Borges, es muy probable terminar frustrado y/o abandonar la escritura.

Las cifras de deserción universitaria son alarmantes, tanto en Universidades públicas como privadas, y la mayoría de los abandonos acontece durante el primer año, después de los primeros parciales, cuando “confirman” a fuerza de aplazos, que “son un fracaso”.

Sería absurdo pretender competir en algún deporte sin entrenar y sin embargo muchos pretenden aprobar exámenes si haber entrenado lo suficiente.

Si ampliamos el marco en el que se incluye este episodio, vamos a encontrar otros factores que determinan ese resultado: la brecha secundario universidad, la dificultad para comprender textos académicos y poder expresarlos oralmente o por escrito, la baja tolerancia a la frustración como característica de época, la desvalorización del esfuerzo, la atención y concentración disminuidas, factores socioeconómicos, la baja motivación para sostener proyectos a largo plazo como es una carrera, además de todo lo relacionado con los auténticos permisos familiares.

Por apocalíptico que parezca, hay salida y pasa por el fortalecimiento del vínculo con los proyectos. A veces una buena elección no es suficiente. Y el abandono de carrera pasa por la fragilidad del vínculo establecido con ella o por no contar con una red social real de sostén, además de las virtuales.

Y si deciden abandonar o cambiar de carrera, puedan hacerlo valorando lo aprendido, que nadie puede quitárselo por más que las notas no lo reflejen, pues son una representación, un mapa, no el territorio. Y entonces no es un fracaso, sino flexibilidad para redireccionar la elección.

Sintetizando la respuesta, para evitar el alto costo emocional y económico del abandono prematuro de proyectos, se requiere una buena elección que contemple quién se quiere ser, y el fortalecimiento de ese proyecto que no es inmediato, erradicando o minimizando los juicios autodesvalorizantes y entrenando las habilidades necesarias para poder aprender y aprobar.

Proust decía que un viaje de descubrimiento no requiere lugares nuevos sino mirada nueva. Y es esto lo que se busca en un cualquier proceso de orientación o psicoterapéutico, una mirada nueva que permita descubrir en sí mismo lo positivo ignorado.

Lic. Nora Raba
Psicóloga M.N.4859

Orientadora Vocacional de Escuela del Caminante
Miembro Sociedad Argentina de Terapia Familiar
Docente Universitaria

E-mail: nora_raba@yahoo.com.ar
Tel.: 156 228 4773
Atención en Núñez y Benavides