Recientemente llegó a mis manos un reportaje hecho al Dr. Bruce H. Lipton, biólogo celular, ex profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Wisconsin, en el que habla de sus investigaciones acerca de la epigenética.
Es una buena noticia comprobar que la ciencia se está acercando al conocimiento intuitivo, ya que se ha probado científicamente lo que ya se sabía desde hace miles de años en todas las culturas chamánicas, religiones sagradas y conocimientos esotéricos varios: nuestro pensamiento es la herramienta más poderosa que tenemos, capaz de modificar nuestra realidad física.
En un mundo en el que sólo se da crédito al parámetro científico comprobable materialmente, fue necesario pasar por esta comprobación fehaciente para unir los caminos de la mente lineal y el espíritu, ambos parte de todos nosotros.
Veamos de qué se trata:
La epigenética es el control de los genes. El Dr. Lipton habla también de transducción, explicándola como “la transformación de un tipo de señal en otro tipo de señal, que se basa en leer el medio ambiente, interpretarlo y luego generar una respuesta al estimulo. La repuesta puede reflejarse en la conducta o en la genética.”
O sea que “el medio ambiente es el que controla los genes, en vez de ser los genes quienes se controlan a sí mismos.”
“La epigenética dice que si queremos cambiar los genes, lo que tenemos que hacer es cambiar el medio ambiente y los genes cambiarán.”
Las citas entre comillas son transcripción literal de lo expresado por el Dr. Lipton. Lo interesante es que para él, el medio ambiente no es solo lo que nos rodea por fuera sino también lo que nos influye desde adentro: …”abarca desde el sol, los planetas, o sea la astrología, hasta nuestros propios pensamientos.”
Cuantas veces le echamos la culpa de nuestro estado físico y mental a la contaminación ambiental, a la crisis económica, a la injusticia, a la violencia (que siempre parece estar en los “otros”), a los parientes, al trabajo y a tantos otros factores externos sin darnos cuenta de que nuestro peor enemigo está adentro nuestro.
El cerebro humano es capaz de emitir millones de pensamientos en poco tiempo. Estos pensamientos pueden ser juicios, opiniones, creencias, deseos, afirmaciones o negaciones de algo o de alguien. El problema es que, aunque inocentemente creemos que dominamos lo que pensamos, la realidad es muy otra. Normalmente solo somos plenamente conscientes de una parte ínfima de nuestros pensamientos. Generalmente se hacen conscientes aquellos pensamientos que se acompañan de una intensa emoción que nos obliga a prestarles atención.
La mayor parte de nuestra actividad mental es completamente inconsciente. Por lo tanto, ahora que sabemos cuánto pueden influir los pensamientos sobre nuestra realidad, tenemos un problema: estamos en manos de ideas, creencias, programaciones mentales, juicios acerca de nosotros mismos y de los demás, que no conocemos. De ahí que nos sorprenda una enfermedad o una situación difícil en la vida y pensemos ¿por qué justo a mí? Cuando en realidad era justo que esto me pase a mí porque lo he creado previamente con mi forma de pensar y, secundariamente con mi manera de actuar.
Dice el Dr. Lipton: “la epigenética puede modificar el gen y crear 30.000 variaciones diferentes del mismo gen. Lo que significa que uno puede venir con un buen gen y crear una variación que es mutante o puedes venir con una variación mutante de un gen y crear una variación que es saludable. O sea que podemos causar un cáncer con nuestra forma de vida, como también podemos curar un cáncer con nuestra forma de vida cambiando nuestro programa.”
¡Cuántas veces vemos personas con cánceres graves curarse sin ningún tratamiento médico, y en otras ocasiones personas que se mueren de enfermedades curables simplemente porque se convencieron de que no se iban a curar!
En medicina el pensamiento del paciente con respecto a su salud está altamente influenciado por la opinión del médico que lo atiende. Si el médico es optimista, el paciente se alivia, genera pensamientos de esperanza y mejora (efecto placebo). Si el médico en cambio es pesimista y le pone un plazo y un pronóstico definido de agravación de la enfermedad, el paciente incorpora esta creencia negativa, se agrava y se muere, cumpliendo así con el pronóstico del médico, quien muy satisfecho reafirmará su creencia de que todas las personas con dicha enfermedad van a tener la misma evolución fatal (efecto nocebo).
Si vamos a las relaciones humanas entre amigos, entre padres e hijos, entre compañeros de trabajo, también tendremos un efecto placebo o un efecto nocebo de nuestros pensamientos y creencias. Sin ir más lejos, en lo que me atañe como pediatra, he visto niños genéticamente discapacitados desarrollar capacidades no esperables solo porque sus padres confían en ellos y alientan pensamientos positivos. Por el contrario, existen niños muy inteligentes que presentan dificultades de aprendizaje porque sus padres les hablan en forma negativa y rebajan su autoestima, o les exigen tanto rendimiento académico que el niño cree que nada de lo que haga va a ser suficiente. En estos casos el niño desarrolla un pensamiento negativo acerca de sí mismo que se convierte más tarde en una realidad.
Cuando una persona está desequilibrada energéticamente y alberga pensamientos de rencor, odio o venganza, los emite en su propia vida y en su entorno y genera una realidad acorde a ellos. El remedio homeopático, al actuar sobre la energía vital de esa persona, la equilibra y puede ayudarla a transformar sus pensamientos en positivos. Los pacientes dicen “simplemente se me disolvió el odio”. Al transformar la mente, luego se transforma también el cuerpo y la enfermedad mejora.
El Dr. Lipton hace también una analogía entre el descubrimiento de la transducción o intercambio de información entre los genes, y la Homeopatía: “al hablar de transducción de genes básicamente estamos hablando de los principios de la homeopatía. Lo que hemos comprobado por medio de la física es que cuando el agua está en una solución y dos moléculas de agua se acercan, se envían información una a la otra por medio de una corriente eléctrica la cual genera una vibración que se va pasando de molécula a molécula. Así que si le agregamos al agua un químico que tenga una cierta vibración, las moléculas de agua reciben dicha vibración y la pasan a las otras moléculas de agua hasta llegar a un punto en donde se puede prescindir del químico original ya que las moléculas de agua han absorbido toda la vibración. Esto es lo que llamamos un tratamiento homeopático, en donde el agua cargada con una cierta vibración, al ser consumida por el paciente, modifica la vibración del agua de su propio cuerpo”. Recordemos que nuestro cuerpo humano, según la edad y circunstancia, está compuesto entre un 70 a un 90% de agua.
He intentado esbozar en pocas pinceladas un tema que daría para hablar con la extensión de un libro completo. El propósito es que tomemos conciencia de nuestros propios pensamientos, y, sobre todo, que nos demos cuenta de que la única persona que puede cambiar nuestra mirada del mundo y nuestros pensamientos y creencias (y por ende cambiar la realidad y hasta la genética), somos nosotros mismos, utilizando la maravillosa y no muy frecuentemente aprovechada herramienta de la voluntad.
¡Hasta la próxima!
Dra. Liliana Szabó
Médica Pediatra Homeópata
Docente Libre de la A.M.H.A.