Los Insomnucci Dormipocco eran una familia muy particular. Algunos no podían dormir nunca, otros dormían poco, y la mayoría dormía mal.
La familia nuclear estaba compuesta por la madre, Valeria Ana Dormipocco, el padre, Cypripedio Insomnucci, y cinco hijos: Carcinino, los mellizos Thuyo y Mezereum, Pasiflora y Coffeita, la más pequeña.
Valeria Ana, la madre, era muy sensible; gran aflujo de pensamientos e ideas. De chiquita rechazaba la leche materna y luego vomitaba coágulos de leche o tenía diarrea con coágulos blancos. Tenía parásitos que le provocaban insomnio. Pobrecita costó mucho criarla.
Cypripedio era un buen padre. De chiquito también tuvo insomnio, pero un insomnio “divertido” pues jugaba y se reía toda la noche. Divertido para el, pero no para Opium, su padre, que debía soportarlo solo, pues Cina, su esposa daba un portazo y se iba a dormir a casa de su mamá.
Con los años Cypripedio curó su insomnio. Ahora podía dormir; el tema es que sus hijos no se lo permitían. Tampoco se lo permitía Sticta, la perra, que tosía toda la noche no pudiendo dormir ella ni ninguno de los habitantes de la casa.
Cypripedium y Valeria Ana tuvieron cinco hijos (tal vez fueron prolíficos pues no podían dormir de noche)
Carcinino, el mayor, fue siempre un dulce. Dócil, afectuoso, bailarín, supermaduro no durmió nunca bien desde que nació. El poco rato que descansaba lo hacía boca abajo, las rodillas dobladas y la colita levantada, esa posición tan particular que le causaba gracia a todos.
A los dos años nacieron los mellizos Thuyo y Mezereum. Todo fue bien hasta que los vacunaron. Ahí se pudrió todo y no durmieron nunca más.
Tres años más tarde nace Pasiflora. Sumamente excitada emocionalmente, tuvo convulsiones por dentición. Apretaba los dientes constantemente y no durmió nunca bien.
Finalmente, Coffeita, la más pequeña siguió los pasos de toda la familia. Delgadita, llorona, no soportaba el consuelo. Irritable e inquieta por la noche, se despertaba como asustada. No durmió nunca desde el nacimiento.
Los chicos tenían tres tíos: Aconina, la tía solterona que no durmió nunca más a partir de un susto, cuando entraron ladrones a su casa. Ignasia, su hermana menor se había quedado esa noche a acompañarla y Oh! casualidad, ella tampoco pudo dormir a partir de ese momento.
El tío Psorino era muy especial, vivía con eccemas, y no podía dormir pues se rascaba toda la noche.
La abuela Cina, como dijimos era la madre de Cypriipedim y tenía un carácter de aquellos. Desde chiquita no quería que la tocaran ni que la acariciaran. Rechinó dientes desde el mismo día que le salieron, tuvo convulsiones y terrores nocturnos.
La abuela Pulsatia era una santa, la dulce buena y comprensiva Pulsatia. Ella tampoco dormía, sobre todo si estaba embarazada.
La bisabuela Natrumia era muy mayor, como muy “conservadita”Sus bisnietos decían que dormía en salmuera. Pero lo cierto y la verdad es que nunca durmió desde la muerte de su esposo, que le provocó una gran pena.
La otra bisabuela, Rhusticia, era incansable, corría de aquí para allá todo el día, esforzándose mucho y quedando agotada. De noche no dormía pues tenía unos dolores reumáticos espantosos.
Los Insomnucci Dormipocco tenían varios primitos, por supuesto, todos ellos insomnes. Chamomio, el imbancable, que se despertaba por el menor ruido, había que alzarlo al instante para que no despertara a todo el vecindario. Zinconio, el inquieto, pataleaba toda la noche sin parar y Jalapita, no dormía y gritaba como loca. También estaba Rododendrito, que sólo podía dormir si cruzaba los pies.
Quisiera terminar bien esta historia, pero desgraciadamente no se les cruzó nunca ningún homeópata, debiendo soportar todos ellos el insomnio por el resto de sus días.
Dra. Nora Aranovich
Profesora Adjunta de la Cátedra Homeopatía Pediátrica de la EMHA