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Julio/Agosto 2010 - Nro 50 -Año IX
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DE PRESIONES Y DEPRESIONES

Dr. Francisco Goldstein Herman


Cada año, casi el 10 % de la población padece de enfermedades depresivas. El costo económico es alto, pero es incalculable en términos de sufrimiento personal. Los trastornos depresivos interfieren con el funcionamiento cotidiano de quien los padece, causan dolor y desconsuelo no sólo al deprimido, sino también a sus seres queridos. La depresión severa puede destruir tanto la vida de la persona enferma como la de su familia. Sin embargo, en gran parte, este sufrimiento se puede evitar.
Desgraciadamente, muchas personas no saben que la depresión es una enfermedad tratable. Aún cuando la gran mayoría podría recibir ayuda, incluso quienes sufren de depresión severa, la mayoría de las personas deprimidas no buscan tratamiento. Hoy se sabe que ciertos medicamentos y psicoterapias son eficaces para la depresión. Estos tratamientos alivian las amarguras de la depresión. Lo que todavía es dejado tras una nebulosa es que ciertos medicamentos usados por la homeopatía desde hace 200 años fueron pioneros en esta lucha terapéutica contra la depresión. Comencemos por enterarnos de cuáles síntomas conforman una depresión.

¿Qué es un trastorno depresivo?

El trastorno depresivo es una enfermedad que toma el cerebro, el ánimo, la manera de sentir, de ver y de pensar, tanto acerca de las cosas propias como de las que rodean al afectado. “La depre” invade la forma en que una persona come, duerme y descansa. Pero sobre todo, la depresión irrumpe en la perspectiva de cómo se ve, se siente y se valora a sí misma la persona deprimida. En el deprimido la autoestima se derrumba y esto suele hacerse visible hasta en su actitud corporal: hombros caídos, la cabeza gacha, el cuerpo encogido como si se hubiera desmoronado.
Un trastorno depresivo no es lo mismo que un estado pasajero de tristeza. No indica debilidad personal. En primer lugar, la depresión no es una condición de la cual uno se puede liberar a voluntad. El deprimido no puede simplemente decir: "¡Basta! ¡Se acabó! ¡Me voy a poner bien!". Sin tratamiento, los síntomas pueden durar semanas, meses e incluso años. Sin embargo, la mayoría de las personas que padecen de depresión puede mejorar con un tratamiento adecuado.

Síntomas de la depresión

  • Estado de ánimo triste, ansioso o con sensación de "vacío" en forma persistente.
  • Sentimientos de desesperanza y pesimismo.
  • Sentimientos de culpa, inutilidad y desamparo.
  • Pérdida de interés o placer en pasatiempos y actividades que antes se disfrutaban. Se incluye la actividad sexual.
  • Disminución de energía, fatiga, agotamiento, sensación de estar "en cámara lenta."
  • Dificultad para concentrarse, recordar y tomar decisiones.
  • Insomnio, despertarse más temprano o dormir más de la cuenta.
  • Pérdida de peso, apetito o ambos o por el contrario comer más de la cuenta y aumentar de peso.
  • Pensamientos de muerte o suicidio y, a veces, intentos de suicidio.
  • Inquietud, irritabilidad, mal humor.
  • Síntomas físicos persistentes que no responden al tratamiento médico, como dolores de cabeza, trastornos digestivos y otros dolores crónicos.

No todas las personas deprimidas padecen de todos los síntomas. Algunas padecen de unos pocos síntomas, otras tienen muchos. La gravedad de los síntomas varía según la persona y también puede variar con el tiempo.
Medicamentos antidepresivos oficiales
La medicina oficial posee varios tipos de medicamentos para tratar trastornos depresivos. A veces hay que probar varios antidepresivos antes de encontrar el medicamento que sea más efectivo. Comúnmente, el efecto terapéutico de los antidepresivos no se observa en seguida, sino después de tomarlos por 3 ó 4 semanas. En algunos casos lleva hasta 8 semanas alcanzar el efecto buscado. En general, hay que aumentar progresivamente la dosis para que la medicación mantenga su efectividad. Una vez que el paciente se siente mejor es importante continuar la medicación por 4 a 9 meses para prevenir una recaída. Es necesario conocer que ciertos efectos secundarios de estos medicamentos pueden aparecer antes de que se produzca su efecto antidepresivo.
Efectos secundarios o adversos de los antidepresivos
Los antidepresivos de la medicina oficial pueden causar efectos secundarios leves y temporales: boca y garganta secas, estreñimiento (lo que indica sequedad de toda la mucosa del aparato digestivo (“la piel” interior del aparato), dificultad al orinar, visión borrosa, mareos, somnolencia o modorra diurna, etc. Los antidepresivos más nuevos tienen diferentes tipos de efectos secundarios: dolores de cabeza, náuseas, insomnio o dificultad para dormirse o bien, despertar a menudo durante la noche, nerviosismo, inquietud, temblores o nervios. Todos estos síntomas se pueden comprobar leyendo los prospectos que acompañan a los medicamentos alopáticos.
Con el objeto de evitar dichos efectos indeseables la medicina oficial está estudiando el uso de hierbas para el tratamiento tanto de la depresión como de la ansiedad. La yerba de San Juan o Corazoncillo (Hypericum perforatum) es un vegetal que, como otros muchos otros remedios naturales, se emplea en Europa desde hace siglos para combatir los síntomas que hoy conocemos como depresión. En Alemania, se utiliza esta hierba para tratar las depresiones más que cualquier antidepresivo ofrecido por la medicina oficial. Ello ha causado tal pérdida de mercado para las compañías químicas farmacéuticas, es decir semejante pérdida de ganancias, que recientemente movilizó la atención de las empresas estadounidenses. Estas, consiguieron los auspicios del Instituto Nacional de Salud Mental (National Institute of Mental Health), del Centro Nacional para Medicina Complementaria y Alternativa (National Center for Complementary and Alternative Medicine) y de la Oficina de Suplementos Dietéticos (Office of Dietary Supplements) para estudiar el Hypericum desde el año 2003. 
Los medicamentos de la Homeopatía
Resulta auspicioso que la medicina oficial haya decidido investigar hierbas experimentadas y usadas por la Homeopatía desde hace dos siglos, para incorporarlas recién ahora a su arsenal terapéutico. Si la medicina oficial hubiera leído los textos homeopáticos habría conocido no sólo las virtudes del Hypericum que no terminan en la depresión, sino la existencia de más de un centenar de medicamentos naturales que han beneficiado a miles de pacientes que padecieron los síntomas que componen un trastorno depresivo sin causarles efectos secundarios.

Dosis tóxicas y atóxicas

¿Las razones de este beneficio? Es que la medicina oficial usa esos medicamentos naturales en dosis tóxicas, es decir, concentraciones que hacen que los remedios para curar un síntoma causen otros. En cambio la Homeopatía emplea dosis “infinitesimales”. Estas cantidades desarman la posibilidad tóxica de las substancias que es la primera de las condiciones que debería contemplar un “remedio”. Al mismo tiempo, las medicinas homeopáticas no buscan rivalizar con los síntomas ni suprimirlos; este es el concepto de la medicina oficial.

La noción de la Homeopatía consiste en restablecer el equilibrio energético interior; éste causa los síntomas y se expresa a través de ellos, por ejemplo, la depresión. Ya se ha visto más arriba, que la depresión está a su vez compuesta por muchos síntomas. Este es el fundamento del tratamiento homeopático. La Homeopatía no administra “un remedio para cada síntoma”, sino que busca un medicamento que de solución a todos los síntomas del paciente, por eso administra sólo un medicamento por vez. De esta manera se identifica y se trata al enfermo y no a la enfermedad que sufre. Debe tenerse en cuenta que no todos los síntomas tratados homeopáticamente desaparecen al mismo tiempo, sino que ello ocurre progresivamente y de acuerdo al tipo de síntoma y a la respuesta del propio paciente.

Dr. Francisco Goldstein Herman
Psiquiatría, Psicoanálisis, Psicomeopatía Unicista