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Fecha
Diciembre 2006 - Enero 2007 - Nro 31 -Año V /VI
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Notas, Entrevistas ....
 
 

 

La Cultura Del Indolor.

Dra. Liliana Szabó.

El dolor tiene mala prensa. Si observamos a nuestro alrededor, veremos que muchas propagandas de todo tipo de productos, se apoyan en sus virtudes antisufrimiento. Se alienta permanentemente el placer como único objetivo y se rotula al dolor como enemigo declarado al que hay que derrotar.
Sin embargo el dolor es, la mayoría de las veces, un buen amigo. Es de esos amigos que no mienten, de esos que nos van a decir francamente lo que piensan de nuestras actitudes.
El dolor, al igual que nuestras emociones, es parte de nuestro refinado “sistema de alarma”. Si nos duele la cabeza y acallamos el síntoma con un analgésico, perdemos la oportunidad de investigar el origen y la causa de ese dolor. También perdemos la oportunidad de aprender a calmar y aún a prevenir la molestia por nuestros propios medios.
Si nos enojamos con alguien y luego tenemos un cólico biliar, es más saludable comprender nuestro enojo que tomar algún comprimido que nos calme el cólico. También podemos hacer ambas cosas. Es lo mismo que si suena la alarma de una casa y la apagamos sin investigar porqué comenzó a sonar: habremos resuelto el problema de la alarma pero los ladrones podrían estar aún dentro de la casa sin que lo sepamos.
El dolor es nuestro gran aliado: si acercamos la mano al fuego, la sensación dolorosa nos hace alejarla inmediatamente y de esta forma nos salva de una quemadura grave.
Si tenemos algún dolor físico, es porque esa parte de nuestro cuerpo está intentando llamar nuestra atención. No desea solo que la anestesien: desea que la comprendan, que entendamos el mensaje que hay detrás de cada síntoma que aparece aparentemente “de la nada”.
Un dolor, por ejemplo, nos invita a consultar al médico antes de que la situación se agrave.
Desde la homeopatía el dolor también se cura desde adentro hacia fuera, siguiendo la Ley de Curación. Muchas veces se intensifica brevemente alguna molestia para dar luego paso al alivio. A veces un dolor en el hombro se va alejando cada vez más del cuerpo para desaparecer finalmente entre las puntas de los dedos.
No olvidemos los dolores emocionales, que tan insistentemente se pretende acallar con tranquilizantes. El dolor emocional nos permite crecer. Nos invita a cambiar nuestra forma de pensar y de actuar. Nos lleva a elegir mejor a las personas que nos rodean y a cambiar de rumbo en la vida. El dolor es el mejor indicador de que estamos en un camino equivocado y tenemos que volver a elegir, esta vez con un mayor nivel de conciencia.
Para los que trabajamos en pediatría homeopática, es muy claro que la mayoría de los dolores en los niños son una clara señal de alarma de que algo en sus vidas no anda bien. A veces un dolor de oído surge luego de haber escuchado que sus padres desean separarse, y ese dolor significa “no quiero escuchar eso”. Otras veces una humillación sufrida en la escuela desencadena un terrible dolor de estómago que nos está comunicando que el niño “no pudo digerir lo que le sucedió”.
Hoy es día está de moda el parto sin dolor, pero no porque se estimule a la madre a relajarse y a entregarse al momento sublime de las contracciones que darán paso al nacimiento de su hijo. Cada vez se asusta más a las mujeres con respecto al sufrimiento durante el parto y es casi obligatoria la anestesia peridural (con todos los riesgos y molestias antinaturales que implica). Lo paradójico es que este miedo previo es el mayor responsable del dolor, ya que el miedo impide la relajación, y esta es justamente la mejor herramienta que tenemos para poder controlarlo. Si contraemos el cuerpo físico, impedimos que fluya el dolor, y al bloquearlo lo único que hacemos es intensificarlo cada vez más. Tratar de relajar la zona dolorida es lo más sabio que podemos hacer para aliviarnos, usando la intención mental de relajar y la respiración conciente como ayuda.
En fin, hay dolores físicos, dolores emocionales, morales y también están esos indescriptibles dolores del alma que nos impulsan a un salto en nuestra evolución humana. Sea como sea, honremos al dolor como uno de nuestros grandes guías. Sin dolor alguno, sería muy difícil darnos cuenta de muchas cosas que nos suceden y dejaríamos pasar de largo la oportunidad de cambiar.
Una vez que comprendemos nuestros propios mecanismos, ya el dolor pasa a ser una herramienta innecesaria. Cuanto más nos conozcamos a nosotros mismos y más capaces seamos de anticipar nuestras reacciones y de comprender nuestras emociones, menos dolor necesitaremos en nuestras vidas.
El dolor es el primer maestro, si aprendemos de él su mensaje, dejamos de necesitarlo. Pero si en lugar de absorber sus enseñanzas lo destruimos anestesiando la sensación molesta que nos causa, entonces tendremos que repetir una y otra vez de grado con el mismo maestro hasta haber aprendido lo que desee enseñarnos. ¡Hasta la próxima!

Dra. Liliana Szabó