Como
médico homeópata me he encontrado siempre con
la sensación de estar en una pequeña isla de
ideas diferentes al océano de la medicina que predomina
en nuestro medio.
A pesar de los históricos y presentes esfuerzos de
grandes homeópatas es notorio que cuesta mucho generar
una cultura homeopática.
La palabra cultura pienso que es clave, habla de costumbres,
modos de vida, tradiciones, conjunto de conocimientos y grados
de desarrollo intelectual, artístico, científico,
etc.
Culto, a su vez hace referencia a las creencias religiosas.
Toda nuestra vida está profundamente inmersa en los
códigos de la cultura.
A pesar de las tempestades, nuestra isla homeopática
ha sobrevivido ya algo mas de doscientos años.
Atravesado expansiones y crisis, modas y olvidos, sigue allí.
Podemos entender su marginación de los ámbitos
oficiales en muchos países aún, fruto del conflicto
de intereses con la industria de los laboratorios, uno de
los principales poderes económicos del mundo, y por
tanto con activa participación en todas las esferas
de la medicina, formación académica, investigación,
políticas sanitarias de estado, entre otras palabras
además de dinero, cultura.
La homeopatía, sin respaldos económicos ni propaganda
masiva, cuestionando gran parte de las bases del proceder
alopático con firmeza y altura conceptual, es una piedra
en el zapato demasiado molesta y peligrosa de tolerar para
los que ostentan el dominio de la medicina como un gran negocio.
Ni siquiera resulta rentable crear una multinacional del remedio
homeopático a la escala de los grandes laboratorios,
la homeopatía es demasiado económica, no es
negocio.
Distorsionar la homeopatía por dentro ha sido otra
estrategia histórica para destruirla.
El clásico cuestionamiento cientificista a las dosis
infinitesimales de los remedios homeopáticos, resabios
de antiguos paradigmas que se resisten a los nuevos conceptos
de la ciencia, o aún a reconocer las limitaciones de
ésta para explicar todos los fenómenos existentes,
no puede invalidar una terapéutica que se respalda
en resultados clínicos reales, que van mucho mas allá
del supuesto efecto placebo, como lo demuestra además
la excelencia de la homeopatía veterinaria donde no
puede siquiera considerarse este aspecto.
Aquellos que han experimentado la homeopatía como una
medicina profundamente removedora del sufrimiento humano son
sus principales defensores y difusores.
Comprender a la persona y no sólo al órgano
sufriente, la eventual agravación transitoria llamada
homeopática de algunos síntomas presentes como
señal de buena reacción al remedio, el movimiento
de la ley de curación con la posible aparición
de síntomas exonerativos, la mejoría mental
como signos iniciales de buen pronóstico en todo cuadro,
el cambio hacia manifestaciones en el organismo cada vez más
superficiales del desequilibrio vital así como el retorno
transitorio de antiguos síntomas suprimidos son algunas
de las tareas educativas que en cada caso el médico
homeópata debe comunicar a sus pacientes para que entiendan
la naturaleza genuina de los procesos curativos que despierta
el medicamento homeopático.
No es fácil, se trata de trasmitir confianza y cultura.
Como una acepción mas de este valioso y delicado término
llamado cultura, quienes crecimos en o llegamos al jardín
de la homeopatía tenemos que seguir, cultivándolo
y cuidándolo para que no crezca la maleza.
Dr. Pablo Korovsky
Anchorena 1238 PB 4 Cap.
Tel: 4671 0617
Médico
homeópata unicista
Psiquiatra
e-mail: pablokorovsky@adinet.com.uy
http://webs.montevideo.com.uy/korovsky
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